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domingo, 31 de enero de 2010

"Cantar victoria es el peor riesgo", declaró Michael Porter

Por: *Michael Porter *
Diario La República Perú

El hecho de que el Perú haya mejorado su rendimiento económico resulta indiscutible y alentador. Con la implementación de sólidas políticas macroeconómicas, el país ha dado grandes pasos durante la década pasada hacia la superación de su larga historia de inestabilidad económica. Esto le ha permitido capear la crisis global actual y convertir su economía en una de las más resistentes del hemisferio occidental en los últimos años.

Sería fácil declarar que el Perú es un éxito económico; sin embargo, cantar victoria puede convertirse en el mayor riesgo de cara al país y sus líderes. De ningún modo se puede asegurar que se mantendrán las tasas de crecimiento obtenidas recientemente, ello ni siquiera es probable. Si bien el “boom” de los “commodities” ha llevado a un crecimiento en el corto plazo, la prosperidad por ciudadano se mantiene a niveles bajos, el desempleo persiste a pesar del rápido crecimiento, y cerca del 60% de la población rural vive por debajo de la línea de pobreza.

La recuperación de precios de los “commodities” desde su desplome ocurrido en el 2008 es ciertamente bienvenida, pero el verdadero trabajo para crear un futuro auspicioso para el Perú recién ha comenzado. El país debe mejorar sustancialmente su competitividad o la economía no tendrá un crecimiento sostenido, no generará empleos, ni mejorará el nivel de vida de la población. Si se continúa dependiendo de los “commodities” como impulsadores de la economía, se acabará en un callejón sin salida. El Perú debe, en lugar de ello, adoptar una estrategia económica y social integral para lograr transformar la economía, basándose en las ventajas únicas del país.

PROGRESO ECONÓMICO
Ninguna economía nacional puede avanzar sin estabilidad macroeconómica, la cual crea condiciones de inversión tanto para empresas nacionales como para inversionistas extranjeros. El Perú ha progresado bastante en su gestión macroeconómica, incluyendo un fuerte compromiso para reducir la deuda pública, lograr el equilibrio presupuestal y crear un fondo de estabilización. Asimismo, el país ha liderado a la región en la apertura de la economía hacia el comercio y la inversión extranjera y en la protección de inversionistas. Según el Banco Mundial, el Perú es el primer país latinoamericano en protección de inversión extranjera, lo cual ha generado un significativo incremento de flujos de capital en la economía, que han superado los US$6 mil millones tan solo en el año 2009.

La estabilidad macroeconómica del Perú sigue siendo excesivamente dependiente de los “commodities”; de hecho, un tercio del ingreso fiscal proviene de fuentes relacionadas con estos.

El país ha logrado además importantes progresos en ciertas áreas del ámbito empresarial, particularmente con relación a la solidez de sus bancos y mercados financieros, la protección de los derechos civiles, la libertad empresarial y la propiedad privada. Asimismo, ha realizado algunas mejoras de infraestructura, incluyendo la Carretera Interoceánica, cuyo fin es aumentar el volumen de comercio entre el Perú, Brasil occidental y el norte de Bolivia. Una emergente clase media está cada vez más consciente de la calidad de los productos y demanda altos estándares en términos de servicios.

RETOS MÁS PROFUNDOS
A pesar de este progreso, el país sigue siendo muy poco competitivo en muchos campos, lo cual limitará seriamente su capacidad para continuar creciendo económicamente y, especialmente, de mejorar el nivel de vida de su población.

Las compañías peruanas tienen que asumir costos extremadamente altos para hacer negocios, desde lidiar con un sistema impositivo ineficiente y con la dificultad de hacer cumplir los contratos hasta enfrentar retos para contratar a sus trabajadores. La carga impositiva y las regulaciones laborales, por ejemplo, se encuentran entre las más pesadas del mundo: el país figura en los puestos 135 y 158, respectivamente, según la medición de la publicación “Doing Business” del Banco Mundial.

Si bien se ha logrado cierto progreso, los negocios peruanos se encuentran atados de pies y manos por la baja calidad de la infraestructura física (aire, tierra y mar), así como por un inadecuado suministro de electricidad y agua. El Gobierno del Perú necesita invertir una mayor proporción de su PBI en infraestructura pública, como también debería alentar al sector privado para que tenga una mayor participación en temas de infraestructura. El Perú sufre además de servicios públicos de baja calidad y de falta de independencia en el Gobierno.

El sistema educativo está quebrado. Sin una educación y sin un sistema de capacitación de mano de obra eficientes, los peruanos jamás serán capaces de lograr mejores salarios. En regiones pobres lidiar con la falta de educación, salud y nutrición resulta especialmente urgente si se quiere reducir las disparidades en el desarrollo humano y crear oportunidades económicas equitativas para todos los grupos socioeconómicos. Además de las debilidades relacionadas al capital humano, se invierte de manera insuficiente en ciencia y tecnología.

La corrupción sigue significando una importante desventaja para los negocios. Resulta esencial enfrentar la perversa corrupción en todos los niveles de gobierno si se aspira a un crecimiento empresarial más allá de la minería; asimismo, se debe contar con una eficiente inversión del capital de la nación y un gobierno eficaz. Igualmente importante resulta proteger de manera decidida los derechos de propiedad (tanto física como intelectual), algo esencial para impulsar la inversión y la innovación. La estabilidad política del país se ve desafiada por el crimen organizado en la forma del tráfico de drogas y por el predominio de la delincuencia común.

Las iniciativas de desarrollo a nivel sectorial deberán tener un rol protagónico en la política económica del país con el fin de fomentar ese nuevo desarrollo económico que se necesita de manera tan urgente. En lugar de escoger ganadores, el sector empresarial y el Gobierno deben colaborar para ayudar a crecer a todas las industrias existentes y emergentes en el Perú, a través de regulaciones menos engorrosas, mejorando sus capacidades e impulsando su internacionalización.

Cada región del Perú necesita una estrategia clara para construir una economía propia y única basada en las fortalezas locales. La descentralización y una mayor responsabilidad en el ámbito local son el camino correcto para enfrentar las inequidades sociales y económicas entre la sierra y la costa. Optimizar los vínculos físicos a lo largo del país mejorando la infraestructura logística entre las diferentes regiones y elevar la capacidad de planeamiento, diseño e implementación de políticas de desarrollo por parte de los gobiernos locales son pasos esenciales dentro de este proceso.

El Perú necesita fomentar relaciones más cercanas con sus vecinos para coordinar políticas de desarrollo económico más allá de sus fronteras. En una región que se consume en debates ideológicos sobre los beneficios de la integración internacional, el Perú está posicionado para convertirse en el trampolín de todas aquellas empresas sudamericanas que deseen acceder a los mercados norteamericanos y asiáticos. Por lo tanto, debe continuar con su agenda de liberalización comercial, pero entendiendo que los acuerdos de libre comercio por sí solos no hacen que un país sea competitivo. Los acuerdos de libre comercio generan oportunidades para que las compañías productivas logren acceder a otros mercados y para que las empresas extranjeras inviertan en el país, pero esto solo ocurrirá si el Perú puede ofrecer un ambiente competitivo para los negocios.

ESTRATEGIA ECONÓMICA
En estos tiempos de transición económica, la prioridad nacional para el Perú es crear e implementar una estrategia económica nacional. La nación no puede resolver todos sus retos de competitividad de inmediato, pero debería crear una agenda estratégica priorizada para la próxima década, que sea entendida por todas las partes de la sociedad y en relación con la cual se pueda medir el progreso.

Una estrategia económica para el Perú debería basarse en las fortalezas únicas del país, mientras enfrenta las dificultades que limitan su productividad. La nación no debe imitar las políticas de otros países, sino crear su propio camino a seguir.

El Perú es un país de gran potencial, pero se necesitará una nueva relación entre los sectores público y privado para poder cumplir con esta promesa. La tarea del Gobierno es generar un entorno empresarial en el cual el sector privado pueda competir y prosperar. La comunidad empresarial, por su parte, deberá asumir un rol mucho más importante, dirigiendo y apoyando la mejora de la competitividad; la misma tarea tienen los sindicatos y universidades.

La única forma de crear un futuro más promisorio para todos los peruanos consiste en elevar la competitividad del Perú. Con estabilidad, ímpetu y una creciente confianza en sí mismo, este es el momento para que el Perú enfrente el reto de la competitividad.

CATEDRÁTICO DE HARVARD BUSINESS SCHOOL

Tomado de la edición digital de La República: http://www.prensaescrita.com/adiario.php?codigo=PER&pagina=http://www.elcomercio.com.pe

sábado, 7 de marzo de 2009

Crecimiento y Desarrollo: Los excluidos de siempre; en tiempos de bonanza y de crisis

Marco Flores Santana*
Frank Sanabria Iparraguirre**

Habiendo empezado el siglo XXI y ante los acontecimientos nefastos de la economía en Norteamérica, nunca ha sido mas propicio plantearse la interrogante de si el modelo de desarrollo imperante y que nos viene de occidente es la única vía o en todo caso la mejor para los pueblos latinoamericanos y en especial en nuestro país el Perú.

La cuestión pasa por la conceptualización de lo que debe entenderse por desarrollo, que no está libres de ideologías, y que ha dado por llamar a unos países desarrollados y a otros subdesarrollados, lo cual se ha querido morigerar con el término de “en vías de desarrollo”, de aquí se puede inferir que aquellos llamados subdesarrollados o en vías de desarrollo a lo que deberían aspirar como meta es alcanzar un crecimiento tal que los coloque como países desarrollados.

Se ha planteado que- así como en la época del oscurantismo- las ciencias como la filosofía, las matemáticas y otras no podían florecer sí es que contradecían los postulados de la iglesia católica, para lo cual tenía un papel preponderante la Santa Inquisición, en la actualidad esa nueva religión intolerante y dictatorial es la economía o para ser exactos el “economicismo” que refleja sus bondades en cifras macroeconómicas las cuales son verdaderos dogmas que no pueden ser materia de discusión ya que ir contra ellas supone un “retroceso de lo ya logrado” como sí para todos los sectores socio-económicos el beneficio ha sido el mismo, o peor aún, en algunos casos no ha habido beneficio alguno.

De aquí tenemos que, se ha identificado como caras de una misma moneda el crecimiento y el desarrollo como sí fueran sinónimos sin reparar que son realidades que en muchos casos no guardan correspondencia entre si, ya que el crecimiento no es mas que la mejora de indicadores como el PBI, el ingreso per capita, el camino a la industrialización y otros, pero que en un momento dado toma al hombre como un medio mas y no como un fin. Por el contrario, otros plantean que el desarrollo no debe ser tomado como crecimiento nada mas, sino que debe expresar como fin al hombre, su cultura y valores, humanidad y su libertad dentro del sistema democrático que vele por la equidad y bienestar tanto en la creación de riqueza como en su distribución.

Para contraponer los enfoques actuales de desarrollo hemos creído por conveniente citar a Mariano Grondona quién expone que se trata de un fenómeno integral que cuenta con tres dimensiones:

“Cuando hablamos de “desarrollo” a secas, sin aditamentos, nos referimos a un fenómeno integral, que abarca las dimensiones económica, política y cultural de las naciones. De ahí que sea legítimo imaginar el desarrollo histórico de las naciones avanzadas como un triangulo cuyos lados son el desarrollo económico, el desarrollo político o democracia y el desarrollo cultural o modernidad” (Grondona 1999, 60).

Los lados del triangulo no se expresan en la realidad en forma pura, sino que alguno tiene primacía sobre los demás, sea que prime el económico estaremos ante el estructuralismo que se basa en un proceso netamente económico cuya estructura es en la que pueden actuar eficientemente los actores sociales; el político, impone el institucionalismo poniendo énfasis en las institucionalidad como estructura también pero que no se fundamenta en el economicismo, sino mas bien en instituciones sólidas del sistema democrático, y el cultural que es representado por el culturalismo que pone énfasis en las ideas, creencias y valores de los actores sociales que tienen una percepción diferente de acuerdo a su bagaje cultural.

El énfasis en alguno de las dimensiones explicitadas se verá en los diferentes enfoques que han tenido preponderancia en la historia del concepto de desarrollo , pero cabe señalar que las dimensiones institucionalistas y culturalistas se ubican al lado opuesto del estructuralista.

Las recetas de desarrollo propugnado por occidente para los países del Tercer Mundo tuvieron su punto más alto en la década de los ochenta cuando ante el fracaso de los modelos de Estado Bienestar y una agobiante deuda externa, se plantea por parte del Fondo Monetario Internacional FMI y el Banco Mundial BM los Programas de Ajuste Estructural (PAE), esto significó el énfasis en el crecimiento económico que se refleja en la frase “primero crecimiento, después desarrollo” como la única formula viable para superar la situación de crisis imperante en los países del tercer mundo. A este nuevo renacer del economicismo se le denomina “El Consenso de Washington” que no es mas que la primacía de la dimensión estructuralista económica que se impuso en el Perú a partir de los noventa, luego de un desastroso gobierno del APRA, legitimando la aplicación del programa de ajuste estructural que llevaría hacía el desarrollo a un país con una historia disímil a la de occidente, ya que no pasó por una Revolución Francesa y una Revolución Industrial, sino que por repúblicas oligárquicas, dictaduras y populismo lo que trajo como consecuencia un Estado muy distante de las grandes mayorías y con profundas fracturas sociales y económicas.

La primacía del estructuralismo en el Perú propugnado por las recetas del Consenso de Washington, tenía como fin mejorar los indicadores del crecimiento económico dejando en un segundo plano el costo humano, derechos y libertades, como consecuencia de un enfoque economicista, lo cual se ha reflejado en la ausencia de la equidad, contradiciendo los postulados de que el crecimiento económico es una locomotora que arrastra todos los vagones, o mejor dicho: “cuando la marea sube, sube para todos” o la llamada política del “chorreo”, sino que trajo consigo la profundización de las desigualdades que se expresa en la brecha entre ricos y pobres.

Ante esta visión de desarrollo que acentúa al crecimiento económico y que han sufrido serios reveses en la historia, al no haber incidido en la disminución de la desigualdad sino que hace más grande la brecha entre ricos y pobres, surgen voces que ponen el acento sobre la necesidad de repensar el desarrollo desde una perspectiva humanista, es decir que, el hombre sea el centro del desarrollo en un continente, en nuestro caso el Perú, que evidencia inequidades y desigualdades lacerantes cuyo propulsor es el mismo Estado ineficiente, ineficaz e inefectivo y distante para la mayoría; y útil para una minoría que se beneficia y concentra las bondades y resultados del crecimiento económico durante los últimos años.

El estructuralismo económico en voces de sus mentores ofrece cifras macroeconómicas que deben servir para que la mayoría de la población y sobretodo los pobres que sufren la exclusión social acallen sus voces de protesta, pero al no ser partícipes y beneficiarios del boom económico de estos últimos años, genera una situación de desconfianza y de desconcierto ante lo insólito de que se les diga que hay que prepararse para afrontar la crisis que viene de occidente cuando dada su situación viven en una permanente crisis al tener una vida de subsistencia, y en ese sentido no deja de sorprender que gremios como la Cámara de Comercio de Lima propongan que se reduzca las jornadas de trabajo y por ende los salarios como paliativo para la crisis, como si los trabajadores, a los que casi nunca consultan, concedieran reducir sus ingresos magros justo cuando más lo necesitan.

Ante tal situación, se plantea por Amartya Sen que la mirada que debe darse al desarrollo debe partir por el ser humano, y no solo del crecimiento económico que se expresa en cifras que no muestran la verdadera situación de los pobres, ya que este no debe estar por encima del verdadero fin que es lo que la gente puede hacer y no lo que pueda tener:

“(…) el proceso de desarrollo económico se debe concebir como la expansión de capacidades de la gente. Este enfoque se centra en lo que la gente puede hacer y el desarrollo se ve como un proceso de emancipación de la obligada necesidad de “vivir meno o ser menos”. El enfoque de capacidades se relaciona con aquellas caracterizaciones que conciben al desarrollo como: 1) la expansión de bienes y servicios, o 2) el aumento de la utilidad, o 3) la satisfacción de necesidades básicas, (…)” (Sen 1983, 1116).

Como se puede colegir la propuesta de Sen ha dado por llamarse el enfoque de capacidades que es el precursor del enfoque del desarrollo humano que incluso las Naciones Unidas han establecido indicadores para su medición denominado el Índice de Desarrollo Humano (IDH) que lo integra la esperanza de vida, ingreso per capita y el nivel educativo alcanzado dentro de un contexto de libertad en democracia. Como se aprecia del cuadro N° 1 el IDH, su posición y valores del Perú en los últimos años no es nada halagueño para el desarrollo alternativo del país.

En este punto es preciso detenerse en torno a lo que significa la desigualdad y la exclusión social, en un país como el Perú que se materializa en la condición de pobreza de un importante porcentaje del país que sufre de carencias que no permiten la realización de una vida plena en contraposición a un sector minoritario que concentra los recursos y que se manifiesta en una desigualdad persistente y que paradójicamente en contra de los mentores del economicismo y el crecimiento económico aumenta y se acentúa conforme las cifras macroeconómicas mejoran lo cual crea una situación de conflicto potencial.

Las reflexiones de este trabajo tiene por objetivo dar una mirada desde la posición de aquellos que no son llamados a compartir las bondades del acelerado proceso de crecimiento del Perú y a quienes el desarrollo desde una perspectiva económica y con una estructura que no redistribuye y no crea una demanda laboral que pueda incluirlos y mas aún que puedan empezar el proceso de liberación del estado de pobreza en que se encuentran sumidos.

La mirada de desarrollo como liberación para los sectores excluidos ha encontrado coincidencia en dos autores, uno desde la economía política Amartya Sen al cual ya nos hemos referido y Gustavo Gutierrez desde la perspectiva teológica, se plantea que los pobres no son un dato, son personas que tienen capacidades para iniciar el proceso (liberación) para llegar a lograr su libertad, en este sentido, el Estado debe tener como función primordial propiciar las condiciones para que el pobre pueda desplegar sus capacidades para lograr su propia liberación de una condición no voluntaria y que se impone por la sociedad misma al no encontrar los canales para revertir su situación.

Se necesita por lo tanto, una sociedad que garantice que cada persona pueda desarrollarse libremente en el uso de sus potencialidades pero sin tergiversar los objetivos o la razón de ser de la misma, planteamiento que coincide con la idea de Marx de que la sociedad y sus miembros reconozcan la interdependencia entre sí para cooperar libremente en virtud de ese reconocimiento

Los objetivos deben centrase en el logro del bienestar general y la generación de oportunidades de desarrollo humano, pero sí tenemos modelos de desarrollo que se agotan en sí mismos, en sus logros económicos y no beneficia a los amplios sectores de la población que sufre la opresión de la pobreza y la exclusión, es de esperarse que tengan que surgir voces en discordia al no incluírseles en la participación del bienestar tan vociferado por los dirigentes del Estado como logros irrefutables lo cual se les restriega en la cara a los que no perciben ninguna mejora en su situación.

Pero existe el problema de ¿cómo encontrar los adecuados niveles de acumulación y distribución? Podríamos decir que este es el quid del asunto. No se puede distribuir toda la riqueza acumulada ya que entonces el circuito de creación y producción de excedentes se vería resentido, y por otro lado, tampoco no se puede pretender acumular todo el excedente y no distribuir porque se perdería el horizonte de lo importante del desarrollo que es el bienestar de la gente. Sin embargo, el énfasis se ha puesto en la acumulación pero que no genera el circuito de producción que debería en teoría impulsar la creación de riqueza, sino que se concentra en el enriquecimiento de un pequeño sector.

La institucionalidad del Estado en el Perú es débil, debido a su larga historia de rentismo y clientelaje, por lo tanto su incidencia en la corrección de las inequidades que genera el mercado es ineficiente y en algunos casos propende a que las mismas se produzcan, al poner por delante el llamado crecimiento económico que atropella lo que se encuentre en su camino, sin respetar las culturas y valores, las condiciones de vida y los intereses de los lugares donde se introduce, a este respecto se han generado conflictos en especial de la minería con las poblaciones cercanas y comunidades campesinas, exponiéndose el poder tras la concepción de que en nombre del crecimiento económico todo lo demás es accesorio e inclusive el Estado que suscribe esa posición inclina sus preferencias por la empresa creadora de bienestar en desmedro de los pobladores afectados.

Como ya hemos adelantado, aquí se verifica que las dimensiones políticas y culturales del desarrollo se contraponen al estructuralismo económico, trasladando el centro del crecimiento no en la economía por la economía sino que vincular el desarrollo con la libertad del ser humano en una situación de opresión que es la pobreza, pero no desde una función de tutelaje, sino dando las condiciones para que se incorpore a la sociedad como ciudadano y para eso el Estado debe garantizar este acceso mediante su propia institucionalización democrática, pero respetando las instituciones sociales y culturales ya que la economía no constituye una ley universal que debe aplicarse en el vacío, sino que interactúa con los valores, cultura e historia del medio donde pretende aplicarse.

Otra cuestión que trae consigo el economicismo, en aras del crecimiento económico y acumulación capitalista, es que su implementación y su proceso en pos de asegurar las condiciones de vida a las generaciones futuras, genera un costo humano presente, pero ese costo lo pagan los sectores empobrecidos que son los más expuestos pues no cuentan con servicios mínimos de subsistencia, padecen de falta de provisión de salud en toda su extensión, empleo, educación, justicia y seguridad, una crisis permanente aún en tiempos de bonanza económica. ¿Cuánto costo humano es permisible? es duro utilizar este termino pero es real y no puede voltearse la cara ante esta realidad, o acaso ¿Asegurar las condiciones de vida del presente no influye en el futuro?, no puede hablarse de futuro cuando el presente nos enrostra una situación de pobreza que pone en riesgo la viabilidad social y democrática.

De un enfoque de desarrollo que privilegia el capital físico y deja de lado el capital humano, evidentemente que el acceso a los bienes es para los que en el presente tienen la capacidad de acceder a los mismos, en cambio los sectores empobrecidos no tienen acceso suficiente para obtener productos para su propia subsistencia, en esta situación se manifiesta la exclusión económica y social.

El proceso de liberación de los pobres se enriquece en sí mismo y es lo que ahora se ha denominado el capital social ya que al actuar en búsqueda de su libertad y teniendo al Estado impulsando este proceso, se genera confianza, asociatividad, solidaridad y relaciones que en el contexto cultural peruano tienden a lo colectivo en el que subyacen redes que buscan su inserción con todas sus potencialidades incluso en una economía de mercado.

Pero, este capital social en el Perú surge sin participación del Estado e incluso contra el Estado cuando atenta contra los intereses de poblaciones en nombre del crecimiento económico, arrancando o reivindicando derechos que existen en la normativa legal pero que en la práctica son inexistentes y se manifiestan en redes sociales que subsisten en paralelo a una sociedad formal.

Un fenómeno socioeconómico cultural es la participación en el mercado de redes sociales como los confeccionistas de Gamarra, los fabricantes de calzado del Porvenir Trujillo, vendedores de insumos de calzado en Caquetá y otros que se basan en la solidaridad, confianza, asociatividad y valores que provienen de una cultura de trabajo, en que los integrantes básicamente pertenecen a sus pueblos de origen, que han logrado insertarse en el circuito económico con éxito a pesar de que las condiciones en que se desarrollaron no estaban diseñadas para su surgimiento.

Este dato que contradice la teoría neoclásica económica de la primacía del individuo en la economía de mercado, nace del acervo cultural peruano el cual es pluricultural, lo cual nos reta a redescubrir las enormes potencialidades inmersas en las diferentes culturas que se abren paso para no solo subsistir sino que ser una realidad latente de capital social y redes que pueden ser el camino para terminar con la exclusión y desigualdad de nuestro país, y así poder responder preguntas como: ¿Cuánta pobreza resiste la democracia? o ¿cuánto crecimiento económico espera la pobreza?.

En ese sentido la economía nos advierte sobre el comportamiento de la elasticidad de la pobreza y el coeficiente de Okun. En efecto, la elasticidad de la pobreza nos refleja la escasa sensibilidad de la pobreza para reducirse durante un periodo expansivo de la economía y la extrema sensibilidad para aumentar en un período recesivo como es en la crisis financiera mundial. Para Raúl Mauro la elasticidad pobreza-crecimiento ha aumentado y pasa a 0.62, es decir, que por cada punto de aumento en el PBI per cápita, es de esperar que el porcentaje de la pobreza se reduzca en 0.62 puntos. Este mismo autor considera que la pobreza aumenta más del 2% cuando aparece un periodo de recesión económica, lo poco avanzado en estos años en la reducción de la pobreza, logrados por un contexto de crecimiento económico vigoroso, podían ser diluidos por un sólo año de recesión económica. Por su parte, Jüergen Schuldt encuentra que la elasticidad arco es de -4.8 Es decir que, por cada punto porcentual que crece el Producto Interno Bruto, la pobreza se reduciría en casi medio punto.
Otro punto a analizar son los nexos entre el crecimiento económico, la creación de empleo y la pobreza. Solamente es posible reducir la pobreza si el crecimiento impacta tanto en la creación de nuevos empleos y en el mejoramiento de los ingresos de los existentes. Pero no todo el crecimiento se transforma en nuevos empleos o ingresos. El indicador que mide este grado de "conversión" se llama coeficiente de Okun. La profesora Cecilia Garavito de la PUCP, reporta un coeficiente de 0.08; podemos apreciar que el Perú es un país donde el crecimiento económico tiene un bajo impacto en la creación de empleos.
El problema del escaso impacto de la pobreza ante el crecimiento se debe a la poca sensibilidad del empleo ante este último. Sino se resuelve este problema veremos que el crecimiento no será una herramienta efectiva para resolver el problema de la pobreza en nuestro país. Cualquier proceso recesivo, originada por cambios en el contexto internacional ante la crisis financiera mundial, volverá a poner la situación crítica y estaremos donde comenzamos.
Consideramos que una medida concreta tiene que ver con promover una transformación de la estructura productiva de nuestro país. No podemos depender únicamente del crecimiento sobre la base de la minería o la especulación. Es necesario redistribuir las rentas que estas actividades generan para formar una base productiva manufacturera invirtiendo en capital humano masivo, de la mejor calidad.


Cuadro N° 1.-IDH. Posición y valores del Perú en los últimos años.

Año Informe No. de países Ranking Perú IDH Perú Año Estadísticas

2007-2008 177 87 0.773 2005 2006
177 82 0.767 2004
2005 177 79 0.762 2003
2004 177 85 0.752 2002
2003 175 82 0.752 2001
2002 173 82 0.747 2000
2001 165 73 0.743 1999
2000 174 80 0.737 1998

Fuente: PNUD Informes de Desarrollo Humano últimos años




BIBLIOGRAFIA

BALBI, Carmen Rosa.
( ) Mantención y redefinición de identidades culturales en el Perú. Presencia de la cultura andina amazónico en el marco del desarrollo.

DOWN, Douglas (editor)
(2002) Entender el capitalismo. Un análisis crítico de Karl Marx a Amartya sen. Ediciones bellaterra. Barcelona.

DURSTON, John.
(2002) El capital campesino en la gestión del desarrollo local. Diadas, equipos, puentes y escaleras. CEPAL. Santiago de Chile.

GRONDONA, Mariano
(1999) Hacía una teoría del desarrollo: las condiciones culturales del desarrollo económico. Ariel Planeta. Buenos Aires.

IGUIÑEZ Echevarria, Javier
(2003) Desarrollo, libertad y liberación, en Amartya Sen y Gustavo Gutierrez. Centro de Estudios y Publicaciones CEP. Lima.

SEN, Amartya
(2007) Primero la gente. Una mirada desde la ética del desarrollo a los principales problemas del mundo globalizado. Ediciones Deusto. Barcelona

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(1997) La desigualdad económica. Fondo de Cultura Económica FCE. México.

VALCARCEL, Marcel.
(2007) Desarrollo y desarrollo rural: enfoques y desarrollo. Cuaderno de trabajo N.º 3. Dpto. de Ciencias Sociales PUCP. Lima.

VALCARCEL, Marcel.
(2006) Aspectos teóricos del capital social y elementos para su uso en el análisis de la realidad. Consorcio de Investigaciones Económicas CIES.


Marco Flores Santana*.- Abogado Tributarista de la PUCP. Maestría de Ciencia Política con mención en Gestión Pública PUCP. Experiencia en Administración Pública (Sunat, SAT, MITINCI, asesor y funcionario de diferentes gobiernos locales y profesor de Gerencia Municipal.


Frank Sanabria Iparraguirre**.- Economista de la PUCP. Egresado de la Maestria de Ciencia Politica con mención en Gestión Pública y de la mención de Políticas Públicas y Sociedad Civil. Experiencia en la Administración Pública (Sunat y Ministerio de Trabajo).

Contacto: marcofloressantana@hotmail.com
www.marcofloressantana.blogspot.com

miércoles, 11 de febrero de 2009

Crisis de la economía global. Y el Perú?

En el Perú predecir lo que pasará es un ejercicio que puede sonar a improvisación y es que pareciera que los propulsores de la Teoría de la Complejidad y la Realidad Emergente podrían saciarse de ejemplos en nuestro terruño. Famoso es el dicho de que "Los economistas se dedican a dos cosas: a predecir lo que nos depara la economía en el futuro y después explicar las razones por lo cual no sucedió lo que elos pronosticaron". Y lo que expongo me trae a colación las preguntas del hombre común ¿qué hacer ante la crisis? y la respuesta es ambivalente. Por un lado el ministro Carranza señala que la crisis no afectará al país, volviendo a la cháchara de que estamos "blindados" y por otro lado los analista de los bancos se contradicen mutuamente, unos pronostican que el dolar cerrar el año cerca a los S/. 3.00 y otros en S/. 3.29 y que la economía de todas maneras se contrae, bueno, eso es evidente. El pronóstico de crecimiento del año es del 6% aunque el FMI lo ha estimado en 3% y creemos que llegar a este último porcentaje sería una gran faena.

El desfase entre la situación financiera y la producción real de los EEUU es lo que se ha llamado una burbuja económica que ha estallado en las manos de Bush. Algunos estiman que para lograr que este efecto se atenúe se necesitan por lo menos algunos trillones de dolares, sí leyeron bien "trillones" crisis anunciada por muchos como George Soros, y ante esto ¿el Perú está blindado?

Veamos para reactivar la demanda interna se deben ver tres componentes: La demanda privada, inversión privada e inversión pública. El presidente García para activar la demanada privada nos dice "Cómprale al Perú". La inversión privada es el llamado a los inversionistas para que inviertan en nuestro país. Y la inversión pública se basa en la mayor inversión del Estado en infraestructura y gasto social(recuerden que Valdivieso lo quería recortar).

La paradoja de la economía es que mientras que el crecimiento macroeconómico del país era evidente, este flujo de riqueza se concentra en un sector minoritario, mientras que las grande mayorías no reciben ni perciben los beneficios, pero cuando se anuncia la crisis económica se ha optado por el mayor gasto social e inversión pública, es decir que los sectores desfavorecidos podrían dar gracias que haya crisis, ya que en "bonanza" no han sido favorecidos poe el "milagro peruano".

El cómprale al Perú es una buena intención para quienes no se han preocupado de fortalecer un mercado interno, lo que se ha agravado con la globalización que dirige su mirada al exterior (TLC con EEUU en crisis, lo cual significa una contracción de la demanda de ese país), es decir que la demanda interna es débil y lo que se propugna es una buena y sana intención. En cuanto a la inversión privada, esta se mueve por motivaciones de rentabilidad y las inversiones se dirigen mayormente a los royalties, los cuales generan poca mano de obra y concentran las riquezas que se generan, pero estos royalties tienden a bajar de precio debido a que se contrae la demanda mundial y por lo cual se produce menos, en suma el horizonte no es halagador.

Punto aparte merece la inversión pública y el gasto social. En cuanto a la inversión pública, esta tropieza con la falta de gestión de la administración pública para la ejecución presupuestaria. Aquí un dilema: El Estado Peruano en su conjunto (Gobiernos nacionales, OPDs, Gobiernos Regionales y Gobiernos Locales)trae consigo prácticas de corrupción que se evidencian a diario (la novela ade los petroaudios por ejemplo), cuya gran competidora es la ignorancia de la práctica administrativa, lo cual se comjuga en el peor de los escenarios: Falta de gestión y corrupción.

Lo antes dicho trae como consecuencia que se ejecute lo fácil y lo que reditúe en coimas, dejando de lado lo estratégico y lo complejo. La falta de gestión se evidencia en múltiples ejemplos, pero aquí nos referiremos a la implementación de programas sociales que no llegan como deberían a la población a la que se dirige, sino que existe filtración y corruptelas institucionalizadas como en los Clubes de Madres del vaso de Leche.

Para colofón citemos el caso de la falta de GNV para el desarrollo de las industrias, el sector automotriz y el domiciliario. El tercio excedente coprometido pra la exportación a Mexico ya no es un excedente, ya que sí se sigue en esa línea escasearía también para las termoeléctricas generadoras de energía eléctrica, salvo se cambie a la generación con diesel lo que llevaría a un incremento de las tárifas en mas de tres veces. se le ha dicho a las empresas que están cambiando al GNV que no se garantiza su abastecimiento.

Como vemos el futuro es incierto y nos dicen que estamos blindados. Por lo pronto, no endeudarse y ahorrar lo demás son cantos de sirena.

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