La globalización que impera en la actualidad evidentemente tiene efectos en la esfera de lo político. Los cambios y la capacidad de enfrentarlos debería ser una constante en especial en la acción política cuyo objeto es dinámico a la vez que multidimensional. Lo que se plantea es que las condiciones aparejadas por la globalización ha debilitado la acción política de los diferentes actores tanto por la debilidad del mismo Estado, como por los cambios que limita su soberanía. Este mismo efecto se reproduce en los partidos políticos y replantea la noción de ciudadanía.
La democratización de los estados latinoamericanos coincidió con el desmantelamiento del Estado desarrollista, sistema que se implementa y que no generó una ruptura con el modelo oligárquico, sino que convive con el, en ese sentido, la relación del Estado, los partidos públicos y una nueva dimensión de la ciudadanía.
La situación descrita generó el clientelaje, en el cual el estado es capturado por las clases dominantes, mediante dos tipos de partidos políticos oligárquico y patrimonialista, lo cual genera inevitablemente una mayor exclusión, que convive con la eclosión de movimientos populares y el surgimiento de partidos políticos obreros y clasistas que no se articularon y devino en la falta de gobernabilidad, este problema que se fue embalsando se refleja en la baja ciudadanía y la falta de representatividad de los partidos políticos que no han contribuido a la solución de problemas.
En Latinoamérica la aplicación del Consenso de Washington que implementa medidas de corte neoliberal, la liberalización de la economía, la privatización de empresas públicas, la desregulación, etc. en sustitución de los modelos desarrollistas, planificadores o estatistas, propugnó la reducción del Estado para que el mercado asigne eficientemente los recursos, se tradujo en una mayor brecha en términos económicos y acentúo la exclusión en la región y la desigualdad.
El viraje de la economía bajo el sustento de un Estado ineficiente y mal empresario, bajo visiones tecnocráticas y de eficiencia bajo el modelo de la actividad privada y el management dieron sustento al relajamiento, por ejemplo, de derechos laborales creando una situación de desprotección.
En la actualidad los partidos políticos no gozan de gran representación y popularidad, no son concebidos como canales por los cuales los ciudadanos pueden hacer que sus demandas se posicionen en la agenda, por lo cual no se espera soluciones que puedan surgir de ellos y consecuentemente, no son advertidos como un mecanismo de representación y menos aún, de solución. Aunado a la sensación de ser una especie de clase que se aprovecha de su posición para beneficiarse del Estado o lograr pactos, que responden a una lógica patrimonialista de la cosa publica.
Encontramos en Latinoamérica tres formas que caracterizan los partidos políticos, el sistema de partidos, partidos sin sistema y políticos sin partido, evidentemente que allí donde no exista un sistema de partidos fuerte, los cambios que se quieran implementar y sobretodo aquellos que vienen de afuera son aplicados como completa extrapolación de recetas sin tomar en cuanta las características particulares de cada nación.
En este contexto la política como acción que busca la conducción de la sociedad, desde una visión ideológica con mayor o menor multiplicidad, debe en primer lugar, reparar en las condiciones o características de las demandas públicas y en segundo lugar, sí sus planteamientos reconocen un entorno cambiante y el desfase de este con las nuevas prácticas o formas de ciudadanía.
El enfoque de tres dimensiones de acción de los partidos políticos de la época moderna, la instrumental que trata la satisfacción de intereses o reivindicativa, la del proyecto o ideología y la profesional o técnica, se ha dejado de lado las dos primeras y subsiste o ha tomado mayor preponderancia la dimensión técnica o profesional y es en esta dimensión que imperan los partidos políticos, es así que esta reducción genera una percepción de la actuación de estos desligados de las demandas sociales y de representación.
Los partidos políticos ante el embate de la globalización, la desaparición del Estado a causa de una profunda crisis económica y su minimización y la mayor importancia que han tomado los medios de comunicación, deben reparar en las nuevas condiciones en las que tiene que desarrollarse y no centrar sus esperanzas en la posibilidad pendular en la variación del tamaño del Estado, debido a su identificación con el en la pugna por el poder.
La identificación del Estado y la sociedad por parte de los partidos políticos trajo como consecuencia la formación de partidos populistas y clasistas que tuvieron que enfrentar al ejercito que atacó a las organizaciones políticas, en un intento de destruirlos y desmovilizarlos lo cual no lo logró.
La resistencia a dejar de tomar de referencia al Estado, la globalización que plantea ya no la mirada solo hacía adentro, genera que se tenga una nueva visión y redefinición del papel que debe desempeñarse, ante lo cual los partidos políticos deben plasmar sus acciones en la sociedad, ya que toman mayor importancia las demandas sociales, equidad, inclusión, derechos humanos, etc.
Es así que los partidos políticos deben dirigir su mirada hacía la construcción de ciudadanía, reconocer una institucionalización mas dinámica, tener un función mas representativa e ir de un Estado mínimo a uno que incentive la mayor participación, control, transparencia.
La antigua centralidad de la política en la discusión de los problemas que aquejaban a la sociedad desde la perspectiva pública ha virado hacía una centralidad mas abstracta, pero que los sectores en boga, como el economicismo, pragmatismo y la tecnocracia no han podido responder plantea a los partidos políticos la articulación de sus objetivos dentro de una perspectiva diferente lo cual exige su readecuación.
Es así que las divisiones sociales o económicas en esta época globalizada, han generado mayores fraccionamientos que no son plenamente representados por los partidos, es mas son tan diversos que pueden ser inclusive transversales a varias organizaciones, así como la eclosión de nuevos problemas y conflictos pero que tienen nuevas dimensiones.
Al entrar los partidos políticos en crisis esto se refleja en la consolidación democrática y las nuevas modalidades de articulación social que ya no se agrupan en clases o ideologías, sino el fenómeno de redes sobre temas impuestos por corrientes de opinión que se discuten en los medios de comunicación.
El nuevo actor social llamado “opinión pública” no depende de los partidos políticos, sino de nuevas organizaciones o redes que van desde demandas culturales, derechos humanos, y otros que se materializan en la agenda pública y por lo cual se vuelven predominante los medios de comunicación, encuestas y las tecnologías de la información.
Los partidos políticos al virar su mirada del Estado a la sociedad tiene que relacionarse con un nuevo tipo de ciudadanía que se ha configurado en opinión pública, lo cual genera dificultades no menores en cuanto a la posibilidad de representación, ya que se hace mas difícil que se planteen visiones deseables de la sociedad, por lo tanto, las nuevas ideas, propuestas y tendencias son difíciles de representar aún para otro tipos de organizaciones que han pretendido copar los nuevos espacios que empiezan a emerger.
La idea de los partidos que se basaba mas en los problemas inmediatos de la gente dejando de lado, proyectos o formas de pensar el futuro y tratar de lograr su construcción y no se ha generado la confrontación de las ideas y el debate que enriquecen las propuestas, lo cual se hace evidente al llegar a situaciones que las demandas no son intra estatales sino que colisiona con la realidad que trasciende el mismo Estado.
Esta falta de propuestas y de debate genera mayor desconfianza y sitúa a los partidos en la visión de la población como organizaciones desvinculadas y con objetivos ajenos e inadecuados a la nueva situación planteada por la intrusión de la globalización.
Pero, es de reconocer que no puede plantearse la desaparición de los partidos políticos, con lo cual su espacio podría ser tomado por una tecnocracia profesionalizada que quizás cometa excesos económicos y que no desarrolle ejercicios democráticos acentuando la exclusión social.
El papel de la televisión en la formación de opinión pública o como medio para la fijación de la agenda pública, pone en aprietos la estructura de los partidos políticos, los cuales no han estado preparados para esta nueva realidad que impone una mejor comprensión de sus objetivos y como plasmarlos o peor aún ponerlos en la agenda pública, hecho que los subordina a los medios de comunicación, lo cual transfiere la decisión de que es lo importante y sobre esos temas se llega a una priorización de lo importante, en este estado de las cosas, debe plantearse un rescate de lo importante mediante acciones que se logre la preeminencia de los objetivos realmente importantes antes que la decisión arbitraria o quizás sensacionalista de los medios de comunicación.
Sin embargo, puede verse que los partidos políticos han sobrevivido a los cambios, sí bien puede discutirse su falta de adaptabilidad a los cambios, sea por su falta de claridad de objetivos, o su divorcio de las demandas sociales, estos son indispensables junto con el Estado y la sociedad civil puedan generar espacios democráticos y no caer en opciones pseudos tecnocráticas y mediáticas que no responden a las demandas de los diferentes sectores y que generan mayor exclusión social y cultural.
La caída de la falta de institucionalización de los partidos políticos así como su desmasificación, ha traído como consecuencia, efectos no queridos desde la perspectiva de lo que podemos llamar el rescate de los partidos como un factor importante en la democratización de Latinoamérica.
Se produce un estrechamiento de las opciones políticas al desinstitucionalizarse la representación, desmasificarse y la visión de la verticalización de la relación entre los partidos y la sociedad, ante esto se puede plantear que se estaría banalizando los objetivos sociales.
Dicho lo anterior no puede plantearse un solución univoca que involucre solo a los partidos políticos, sino que debe reconocer los retos planteados por la nueva realidad y recrearse con una nueva visión del Estado y organizaciones sociales con cierta independencia, esta es una relación que debe hacer frente o buscar la forma de responder en forma dinámica los retos que plantean las nuevas condiciones de la globalización y desde su principal fuerza el debate o la exposición de las ideas en confrontación con otras que puedan enriquecer las perspectivas de una sociedad deseable y posible que atraiga a las diversas organizaciones o redes de opinión, esto no significa ceder a las formas que nos impone la globalización, sino que desde una nueva visión posicionarse en una especie de “agenda pública importante”.
Es preciso señalar que, los partidos políticos son importantes para el desarrollo democrático y existe la percepción en la sociedad de que son imprescindibles a pesar de la pésima percepción de sus actuaciones, a estos efectos se requiere la desvinculación de liderazgos personalizados y un ejercicio democrático al interior de los mismos que mejore su organización y estructura, y un desarrollo de sus programas e ideologías que respondan a la nueva realidad y generen adhesión en la sociedad, y que no se produzca una situación estática o lo que se conoce como “fugas” ante problemas que no son de fácil comprensión y solución.
Asimismo, la profesionalización de la política es necesaria y debe atraer a las personas como un medio de ascenso social y de reconocimiento de capacidades, esto es coherente con la realidad que plantea la globalización que plantea retos a los partidos políticos.
De no llegarse a generar capacidad de respuesta, quedaríamos a merced de una mayor exclusión y la generación de una nueva elite que se reflejaría en nuevas prácticas oligárquicas.
Globalización y una nueva visión de ciudadanía
El desempeño de los estados latinoamericanos, en los cuales se ha pasado de modelos oligárquicos, desarrollistas o de planificación central, han marcado, como se ha señalado antes, una relación Estado, organizaciones políticas y organizaciones sociales con posiciones de clase e ideologías de confrontación, en este contexto tenemos que en la región se observa situaciones de exclusión, marcada desigualdad y baja ciudadanía.
La articulación de los intereses sociales responde a una mayor demanda de los llamados derechos civiles, políticos y los llamados derechos de tercera generación: económicos, sociales y culturales.
Cabe preguntarse, ¿Cuánta ciudadanía requiere la democracia? Y nos lleva a preguntarnos también sí la democracia es una consecuencia del modelo capitalista, advirtiéndose que la ciudadanía se ha ido conquistando mediante luchas de clases de los diferentes actores sociales. A este respecto también cabe otra pregunta importante ¿Cuánta desigualdad o exclusión soporta la democracia?, preguntas que son cruciales y que plantean serias advertencias sobre el destino del modelo de no llegar a una situación mas equitativa e inclusiva.
La diferencia ante la ley marcan una especie de clases o de individuos que se encuentran por encima de ella, otros a los cuales se les aplican en sus aspectos de control y no de derechos.
La transición de estos modelos al modelo neoliberal se da en condiciones dispares y que no tienen nada que ver con posiciones ideológicas que hayan propugnado su aplicación, sino que estos son sustentados ante el fracaso del Estado y el descrédito de los partidos políticos que llevó a plantearse la adopción de políticas de mercado, pero desde afuera y no como un planteamiento que deviene de un debate de opciones a implementarse.
Es así que ante la emergencia de las economías de la región y la existencia de una realidad que es la globalización, se optó por la implementación de economías globalizadas, que se basaban en las bondades del mercado y el capital, pero que trascienden al Estado y cuestionan en alguna forma su soberanía.
Desde la óptica de la construcción de la democracia es importante resaltar que la ciudadanía constituye un elemento esencial que tiene que se relaciona con los objetivos de los partidos políticos, en cuanto a su contenido, la objetivización de los derechos, la socialización, el carácter inclusivo de los mismos, la participación en aspectos relacionados al bien común.
La ciudadanía que contiene todo el cúmulo de libertades, derechos, desarrollo como persona, derechos civiles y humanos, y por otro lado a la participación y la posibilidad de ser elegido para cargos políticos o públicos, trasciende lo planteado por la economía de mercado, el cual se sustenta en una motivación egoísta de la minimización de costos y un mero maximizador de beneficios, lo cual genera un individualismo que se contrapone en extremo a la idea que plasmaron los republicanos de la ciudadanía.
La construcción de la ciudadanía en un contexto en que la globalización y la era moderna ha recreado de manera diferente ya que se plantea que existen derechos inalienables como los son los derechos económicos y políticos, pero dada la nueva conformación planteada, puede plantearse como inalienables también los derechos económicos, sociales y culturales, es decir que estos derechos tratan de asegurar una situación de bienestar que toma relevancia.
El binomio democracia y economía de mercado ha generado una visión positiva de un paradigma, pero el contenido de los mismos debe darse dentro de la democracia y el efectivo ejercicio de la ciudadanía y no la sumisión al mercado como fin en si mismo, sin que debe subordinarse a objetivos de convivencia social que es uno de los objetivos de la existencia del Estado.
Otro paradigma es el macroeconómico que incide en un aspecto que es el económico y el divorcio con las situaciones que trascienden estas cifras y que se considera como la única opción lo cual constituye un derecho sin política, esto se genera por la convivencia de la política con el mercado y la democracia.
La difusión política global plantea que cosa “es lo correcto” y los estados son sometidos a la fiscalización global, aunado a la disolución de sus fronteras y la creciente vulneración de las economías nacionales, es decir que estamos ante planteamientos que trascienden al territorio mismo de administración del Estado y que se encuentra supeditado a decisiones externas y en forma dramática a la consulta de sus actividades en el plano económico y financiero, esto trae la debilidad del estado – nación y una mayor diversidad y diferenciación social.
Predomina una forma de participación a través del consumo, pero la capacidad de este consumo no es igual para todos, esto genera desigualdad sí es que no se toma en consideración la reorientación y la calidad del consumo, es decir hay que vincular la ciudadanía y el consumo, mediante el acceso a un variada y vasta oferta con acceso a la información para no generar asimetrías en la información y generar una elección no informada, una real implementación de controles de calidad y la participación efectiva de la sociedad en la decisiones materiales simbólicas.
Surgen los recursos simbólicos, como la participación, el acceso a la información y la posibilidad de participar en la comunicación, esto generan las llamadas redes que se ocupan de temas tan diverso y en algunos caso fragmentados, lo cual se refleja en la diversidad de las mismas. El desigual acceso a estos recursos ocasionan una nueva forma de exclusión y es el contenido de la nueva ciudadanía, por lo que es necesario ver la forma de lograr su acceso.
Lograr que todos los sectores logren acceder a los recursos de comunicación y a logra contactarse con las redes que se forman en torno a temas que no necesariamente tienen que ver con lo que antes se consideraba lo importante en la política, sino que, se generan en forma dinámica y toman los mas diversos intereses, implementándose formas de llevar estos recursos comunicativos, como por ejemplo la experiencia en el Perú de los telecentros, es decir el acceso masificado de las tecnologías de la comunicación.
Implantar mecanismos de “pertenencia” para evitar la exclusión y afirmar una nueva ciudadanía con acceso a información y a recursos tecnológicos que faciliten formar parte de los circuitos de comunicación para el intercambio cultural, plantea repensar un nuevo pacto social que lleve a los actores a reconocer la diversidad de derechos demandados.
La globalización debilita la noción de ciudadanía en cuanto ejercicio al estilo republicano, pero adquiere una nueva dimensión al incluir mecanismos sociales, que traten sobre las igualdades y diferencias, es decir, la diferencia en cuanto se debe reconocer ciertas características sociales y culturales que no puede ser tratada en forma estándar, ya que debe reconocerse la heterogeneidad y por otro lado, igualdad de tal manera que no se generen prácticas de exclusión.
Advertimos entonces la existencia de un hiperciudadano, que requiere un mayor reconocimiento de nuevos aspectos que conforman su “ciudadanía”. El ciudadano, como aquel que puede ejercer el pleno ejercicio de sus derechos y cumplir sus deberes.
La importancia de la pertenencia, de formar parte de una nueva forma de agrupación que trasciende la comunicación tradicional, ha generado el predominio de las Tecnología de la Información y Comunicación TIC, cabe preguntarse sí esto es positivo, desde nuestro punto de vista son herramientas y que lo esencial está en su contenido, es decir puede servir para la mejor transmisión de valores, identidades y otros aspectos que se perciben como deseados, pero también puede transmitir aspectos negativos.
Sin embargo, debe reconocerse que la falta de acceso a estos mecanismos, dada su importancia en la decisión y formación de la “opinión pública” no debería darse, ya que genera una forma de exclusión, a pesar de que se considere por algunos como la banalización de la agenda pública.
El acceso a los derechos, aquellos llamados de primera, segunda y tercera generación deben procurarse y condiciona una nueva reconfiguración de la actividad política, alejada de la relación Estado – polis.
Ante esto se ha planteado una globalización desde abajo que sea alternativa de una globalización desde arriba que es propugnada por intereses transnacionales y que se basan en el pragmatismo y una aparente tecnocracia.
La variación de la identidad y la cultura responde a los cambios de la globalización que introduce un modelo neo liberal, debe ser contrapuesta a una relación de actores sociales o una sociedad civil global, que considere los aspectos importantes que no desnaturalicen la ciudadanía, sino que le den un mayor contenido y que propenda a la equidad y la inclusión como objetivos del Estado.
Espacio destinado a la discusión de temas aplicables a la Ciencia política y la administración pública en el Perú.
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lunes, 19 de abril de 2010
lunes, 20 de julio de 2009
De nuevo Paro de transportes
El transporte público es un caos, esa es una verdad de perogrullo. ¿Cúal es la solución?. para el Ministro de Transportes y con beneplácito del nuestro mudo Alcalde Lima, claro está cuando le conviene, todo pasa por un sistema sancionador con multas mas altas y con ofertas por el "pronto pago".
Pero, ¿qué ha cambiado desde la gestión de Castañeda Lossio?, estamos en las finales de su segundo periodo y no se ha incidido en las capacidades de los ciudadanos, sino que todo lo contrario, la solución viene en cemento, "la gente olvida rápido, pero las grandes obras de cemento siempre están presentes". Recordemos el intercambio vial de la Av. Habich, ¿Qué ha solucionado?, los viajes de Los Olivos a Lima y viceversa son un infierno antes y después de la obra. ¿Se solucionó algo? ya van años de molestias, demoras, perdidas de horas hombre, etc.
Pensar que nuevos intercambios viales, pasos a desnivel, el metropolitano, etc van a solucionar el problema de transporte es una ilusión. Mientras no exista una cultura del transporte y una regulación del mercado que sea con reglas claras .
Imaginemos que exista un mercado sin regulación clara, entonces se convierte en una selva de competencia desleal, esto es no parar en paraderos, dejar pasajeros en medio de la pista, carreras entre omnibuses, etc. Lima es un mercado sin regulación, no existe el Estado (en este caso el Ministerio de Transportes y la Municipalidad Metropolitana de Lima. esto quiere decir que estamos abandonados a nuestra suerte durante las dos gestiones de Castañeda Lossio.
Ante un Estado ausente se generan distorsiones y los irresponsables creen que no existe sanción alguna que no se pueda arreglar, claro está es una visión muy extendida de la población. Ahora, La Policía nacional ¿hará cumplir las normas con honestidad?
La regulación tiene sus lados positivos, pero debe acompañarse con una regulación clara y avisarle al Alcalde que ya han pasado algunos años y que se ponga a hacer su trabajo.
Mañana a levantarse temprano y buscar como llegar al trabajo.
Pero, ¿qué ha cambiado desde la gestión de Castañeda Lossio?, estamos en las finales de su segundo periodo y no se ha incidido en las capacidades de los ciudadanos, sino que todo lo contrario, la solución viene en cemento, "la gente olvida rápido, pero las grandes obras de cemento siempre están presentes". Recordemos el intercambio vial de la Av. Habich, ¿Qué ha solucionado?, los viajes de Los Olivos a Lima y viceversa son un infierno antes y después de la obra. ¿Se solucionó algo? ya van años de molestias, demoras, perdidas de horas hombre, etc.
Pensar que nuevos intercambios viales, pasos a desnivel, el metropolitano, etc van a solucionar el problema de transporte es una ilusión. Mientras no exista una cultura del transporte y una regulación del mercado que sea con reglas claras .
Imaginemos que exista un mercado sin regulación clara, entonces se convierte en una selva de competencia desleal, esto es no parar en paraderos, dejar pasajeros en medio de la pista, carreras entre omnibuses, etc. Lima es un mercado sin regulación, no existe el Estado (en este caso el Ministerio de Transportes y la Municipalidad Metropolitana de Lima. esto quiere decir que estamos abandonados a nuestra suerte durante las dos gestiones de Castañeda Lossio.
Ante un Estado ausente se generan distorsiones y los irresponsables creen que no existe sanción alguna que no se pueda arreglar, claro está es una visión muy extendida de la población. Ahora, La Policía nacional ¿hará cumplir las normas con honestidad?
La regulación tiene sus lados positivos, pero debe acompañarse con una regulación clara y avisarle al Alcalde que ya han pasado algunos años y que se ponga a hacer su trabajo.
Mañana a levantarse temprano y buscar como llegar al trabajo.
jueves, 16 de julio de 2009
¿Y la comunicación dentro del Estado?
Para no pocos los spots publicitarios "Con Alan estamos mejor" constituyen un mal uso de los fondos públicos. La personalización de la propaganda estatal no se condice con la norma aprobada para que los Alcaldes no coloquen sus nombres en cuantas obras realicen, parece que la equidad no es una regla del gobierno aprista.
Pero, esto no es tan grave como la información que los diferentes sectores le proporcionan a García. Dos ejemplos son suficiente:
1. García en mensaje a la Nación sobre el terremoto que asoló Ica, dijo con un rictus de serenidad que este sismo solo había producido pocas victimas, no pasó mas de una hora para que la tragedia ocurrida sea de dominio público.
2. También comunicó el viernes de hace unas semana que en el Perú no había victimas mortales de la gripe A(H1N1) pero el sabado el Ministro de Salud comunica que el jueves(un día antes de lo dicho por García) había fallecido dos personas.
Esto demuestra que la comunicación interna, en especial de los sectores hacía el Presidente, no es la mas adecuada, tremendas patinadas no dejan en buen pie al mandatario.
Sería recomendable que el Prsidente vea la forma de establecer un sistema que le garantice tener la seguridad de no ser desdicho por sus propios ministros o por los propios acontecimientos.
Pero, esto no es tan grave como la información que los diferentes sectores le proporcionan a García. Dos ejemplos son suficiente:
1. García en mensaje a la Nación sobre el terremoto que asoló Ica, dijo con un rictus de serenidad que este sismo solo había producido pocas victimas, no pasó mas de una hora para que la tragedia ocurrida sea de dominio público.
2. También comunicó el viernes de hace unas semana que en el Perú no había victimas mortales de la gripe A(H1N1) pero el sabado el Ministro de Salud comunica que el jueves(un día antes de lo dicho por García) había fallecido dos personas.
Esto demuestra que la comunicación interna, en especial de los sectores hacía el Presidente, no es la mas adecuada, tremendas patinadas no dejan en buen pie al mandatario.
Sería recomendable que el Prsidente vea la forma de establecer un sistema que le garantice tener la seguridad de no ser desdicho por sus propios ministros o por los propios acontecimientos.
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martes, 14 de abril de 2009
Problemas de enfoque de la administración pública peruana
La gestión pública en especial la peruana no gozan de un especial reconocimiento debido a sus usos y prácticas que se han institucionalizado, tan es así que se han planteado el múltiples oportunidades proceso de reforma del estado y mas recientemente se ha precisado que de lo que se trata es de la modernización del Estado mas que una reforma, pero subsisten las críticas a su desempeño. Cambiar de la perspectiva de un estado patrimonialista a uno por resultados es un objetivo planteado, pero cabe indicar que esta es un postulado que deviene de la extrapolación de prácticas privadas, es en este contexto que se desarrollan políticas de participación ciudadana que encuentran no muy pocas dificultades en su articulación con la administración pública peruana.
Los estudios realizados no han incidido en el tema de la gestión de la administración pública, ni se ha desarrollado una teoría burocrática mas bien en la participación como un valor en si mismo, pero ¿no se manifiesta la actuación del Estado en la gestión de sus administraciones publicas o su aparato estatal?.
En las últimas décadas en Latinoamérica ante las crisis de los modelos económicos y el viraje de modelos desarrollistas a otros de corte liberal impulsados por el fenómeno de la globalización se han hecho evidentes las limitaciones de la administración pública en sus relaciones con los ciudadanos y en una lógica que está influenciada directamente con el mercado, prevaleciendo una lógica neoliberal que ha tenido como consecuencia el agravamiento de los problemas que se pretendieron solucionar, ante esta realidad se han planteado y se plantean reformas para corregir estas inconsistencias y el Estado esté al servicio del ciudadano orientándose mas a la obtención de resultados antes que al procedimiento y responda con eficiencia a las necesidades públicas que demanda la sociedad (Fleury, 1999)
Las reformas están supeditadas a las ideologías que imperan en un contexto histórico político determinado, que oscilan entre un Estado de planificación central y uno mínimo. En el caso peruano la forma que reviste la administración pública responde a un proceso histórico que debe contextualizar su desarrollo que explicaría su institucionalidad que se refleja y se expone en su organización, sus usos y costumbres, que requieren un profundo estudio que nos ayude a entender cual es la lógica de su actuación (Galindo, 2002).
La administración pública de cada territorio adquiere cierta singularidad y esta se puede observar en el desarrollo de su gestión en relación con los ciudadanos y sus demandas, pero el problema de un desfase entre el servicio público y el ciudadano, ha merecido la atención de la literatura existente que ha sido influenciada por el management en una suerte de traslación de prácticas de las empresas privadas a las públicas que tienen como norte la eficiencia, gestión por resultados, desregulación agencialización, externailización, y otros aspectos de un nuevo paradigma post burocrático (Barzelay, 1998) .
En forma simultánea, se han desarrollado corrientes que han generado una especie de consenso sobre la importancia y necesidad de la participación ciudadana en ámbitos de la administración pública, la cual se ha considerado como una premisa que no requiere mayor discusión, constituyéndose un valor en sí mismo, tan es así, que desde diferentes enfoques tanto políticos, como intelectuales, la defiendan y a su vez pregonen sus bondades y mas aún, traten de poner en evidencia la urgencia de la implementación de mayores espacios en la esfera pública, pero así como se preconiza su introducción como solución, es valedero decir que no se han profundizado de igual manera las investigaciones sobre su utilidad en la región. (Tanaka, 2001). De aquí que la participación ciudadana como forma de involucrarse en la toma de decisiones, en especial en el ámbito de las políticas públicas, genera un estatus intermedio entre la democracia representativa y la directa, la llamada democracia participativa, pero el trasfondo de toda esta discusión nos lleva a considerar que la participación se circunscribe al ejercicio del poder que en principio, y bajo la lógica de la democracia representativa constituye un monopolio de la administración pública.
La administración pública peruana que hereda el modelo español vertiente del franco - alemán y que en el transcurso de los años ha adquirido ciertas características propias de la relación de poder del Estado y la sociedad, se configura en una burocracia procedimental y patrimonialista, y que se resiste a cambiar su configuración, hecho que nos lleva a preguntarnos: ¿Cuanto puede permitir el aparato estatal patrimonialista que la participación ciudadana tenga una cuota de poder en la toma de decisiones?. Sin embargo, con este tipo de administración pública conviven prácticas privadas, sobretodo en las organizaciones que podrían llamarse mas profesionalizadas y en los organismos públicos Descentralizados – OPD, que son llamadas “islas de eficiencia” pero que no constituyen una solución efectiva en todo el aparato estatal.
El dato crucial y contundente es la no provisión de soluciones satisfactorias, lo que ha llevado a cuestionar el paradigma de la administración pública y el presupuesto de su conocimiento cabal de las demandas de los ciudadanos debido a su especialización y capacidad técnica, pero mas allá de las soluciones que se ensayen como respuestas, es preciso comprender en primer lugar, cuales son los factores que las condiciona y luego reparar en sus disfuncionalidades.
Las prácticas participativas denotan en forma implícita que en la práctica y por necesidad apremiante se dicten normas que promueven la adopción de herramientas que propendan a la participación ciudadana para la toma de decisiones y para el control de las actividades de la administración, lo cual en suma lograría que la administración pública cumpla con las funciones para las que ha sido creada.
La literatura revisada hace énfasis en la participación en sí misma, pero no se ha enfocado cual es el problema que está detrás de las dificultades de la administración pública, mas allá de comprobar las dificultades lo que se pretende es desbrozar el núcleo del problema en la gestión pública desde la concepción misma de la gestión pública peruana, su formación organizativa y las intereses que subyacen desde la delineación de una inexistente teoría de la burocracia y su expresión eminentemente jerárquica.
Desde el modelo burocrático weberiano que ha sido frecuentemente criticado desde la óptica que daba mayor preeminencia al excesivo formalismo y la jerarquía, la administración pública peruana ha desarrollado su institucionalidad, es decir sus usos y costumbres, y su organización, de los modelos francés – alemán que fue seguido por la vertiente española que se implantó en nuestro país durante la colonia. Por lo cual la práctica y la lógica de su comportamiento es fundamental para comprender las desventajas y ventajas, sí las hubiere, en su articulación con prácticas participativas y su relación con el poder de decisión.
De una concepción del Estado patrimonial a una de actuación por resultados que nos lleva a la corriente de la Nueva Administración Pública la cual es impulsada en nuestro país y de aplicación progresiva pero no sistematizada, contextualiza la administración pública y en especial la gestión de los gobiernos locales que dentro de la lógica de su autonomía se diversifica en sus formas de organización, lo que nos lleva a plantear ¿Cuánto del problema corresponde al actual diseño del aparato estatal y en especial de los gobiernos locales?
Cómo se desenvuelve el gobierno local mediante la gestión ante una situación concreta y cuya concepción política se considera correcta, así como sus fundamentos respaldados por dispositivos normativos, y cuanto no se cumple a pesar de lo expreso de la decisión, nos lleva a la discusión sobre sí el problema se centra en la organización, la institucionalidad y sí los intereses de la burocracia, tema que no ha sido abordado en forma exhaustiva, también forma parte de las dificultades de la actividad pública y constituyen elementos determinantes de las deficiencias del Estado en la provisión de bienes y servicios.
En cuanto a la forma de la administración pública peruana, se ha dicho que esta debe ser explicada desde la lógica de los modelos a los que se adscribió, pero dada la característica del proceso peruano que convive con rasgos del modelo burocrático weberiano, el modelo francés alemán y en algunos casos en las llamadas islas de eficiencia que vienen de prácticas privadas de la corriente de la Nueva Gestión Pública.
El tema de la estrategia que debe aplicarse para lograr una administración pública que esté a la par de las exigencias actuales, es de vital importancia, a este respecto es pertinente establecer que existen diversas escuelas de estrategia de las cuales la administración pública se ha adherido a la llamada escuela de planificación, la que no tienen mucha acogida como otras que ponen mas énfasis no solo en procesos como si fueran estáticos, sino que, de acuerdo a la realidad se toma en consideración relaciones de poder, diseño, configuración y realidad emergente ( Mintzberg y Ahlstrand, 2003)
En lo referente a la forma de organización adecuada de la administración pública esta debe estar dirigida a la creación de valor público que incide en lo valioso para el interés general que va mas allá del enfoque privatista que se ha dado por llamar las “tres e”, economía, eficiencia y eficacia (Moore, 1998) lo cual no se condice de la tendencia a creer que el problema es un tema de diseño de la organización, que pone el énfasis en la técnica, es decir se prioriza herramientas de gestión que responden a fines diferentes de lo que busca el gerente público. A este respecto es importante resaltar que este intento de extrapolar modelos de organización como fórmulas milagrosas, sin tomar en consideración que el problema no es solo organizativo, dejando de lado la contextualización social, cultural e histórica, esto denota la pobreza de los enfoques que paradójicamente coinciden en gran medida con el rasgo de la burocracia impersonal de Weber al que tanto se ha dado en atacar desde un aproximación patológica.
Por parte de la gestión pública referida a la burocracia, se venido sosteniendo que las aproximaciones al tema han puesto en evidencia que no existe una teoría de la burocracia, ya que las aproximaciones tienen un sesgo privatista y no se ha reparado en su especial naturaleza (Oszlak, 1978). Por otro lado, no se ha reparado en el componente humano de la burocracia que detentan el encargo de un mandante para la realización de acciones de acuerdo al interés general, cuestión que no es fácil de definir cuando la ciudadanía se divide en diferentes y diversos intereses que se manifiestan en grupos de poder sin dejar de reconocer que la misma burocracia puede tener los suyos propios, y en esta relación compleja se desarrolla el curso de la administración pública y pueden incluso contraponerse al “interés general”.
Aproximarse a los parámetros teóricos de la gestión pública la actuación de la administración pública peruana desde la perspectiva de los modelos descritos, las soluciones planteadas desde la corriente de la Nueva Gestión Pública y los intereses de la burocracia dejando de lado el sesgo weberiano de su impersonalidad confrontándolo con un proceso participativo que pone en evidencia su actuación, la voluntad para compartir el poder en la toma de decisiones y exponiendo los intereses que se encuentran detrás de la actuación de la burocracia local.
Nos referimos a tres aproximaciones: desde el modelo peruano de administración pública; desde la perspectiva organizativa que privilegia la técnica, la organización pero que es insuficiente y en los intereses en juego que se dan en la llamada caja negra de la burocracia, para identificar el problema de la gestión pública y su relación con los proceso participativos.
En el Perú no hay nada mas informal que la formalidad de su administración pública y esa es la principal paradoja de las muchas que nos cansaríamos de enumerar.
Marco Flores Santana
Los estudios realizados no han incidido en el tema de la gestión de la administración pública, ni se ha desarrollado una teoría burocrática mas bien en la participación como un valor en si mismo, pero ¿no se manifiesta la actuación del Estado en la gestión de sus administraciones publicas o su aparato estatal?.
En las últimas décadas en Latinoamérica ante las crisis de los modelos económicos y el viraje de modelos desarrollistas a otros de corte liberal impulsados por el fenómeno de la globalización se han hecho evidentes las limitaciones de la administración pública en sus relaciones con los ciudadanos y en una lógica que está influenciada directamente con el mercado, prevaleciendo una lógica neoliberal que ha tenido como consecuencia el agravamiento de los problemas que se pretendieron solucionar, ante esta realidad se han planteado y se plantean reformas para corregir estas inconsistencias y el Estado esté al servicio del ciudadano orientándose mas a la obtención de resultados antes que al procedimiento y responda con eficiencia a las necesidades públicas que demanda la sociedad (Fleury, 1999)
Las reformas están supeditadas a las ideologías que imperan en un contexto histórico político determinado, que oscilan entre un Estado de planificación central y uno mínimo. En el caso peruano la forma que reviste la administración pública responde a un proceso histórico que debe contextualizar su desarrollo que explicaría su institucionalidad que se refleja y se expone en su organización, sus usos y costumbres, que requieren un profundo estudio que nos ayude a entender cual es la lógica de su actuación (Galindo, 2002).
La administración pública de cada territorio adquiere cierta singularidad y esta se puede observar en el desarrollo de su gestión en relación con los ciudadanos y sus demandas, pero el problema de un desfase entre el servicio público y el ciudadano, ha merecido la atención de la literatura existente que ha sido influenciada por el management en una suerte de traslación de prácticas de las empresas privadas a las públicas que tienen como norte la eficiencia, gestión por resultados, desregulación agencialización, externailización, y otros aspectos de un nuevo paradigma post burocrático (Barzelay, 1998) .
En forma simultánea, se han desarrollado corrientes que han generado una especie de consenso sobre la importancia y necesidad de la participación ciudadana en ámbitos de la administración pública, la cual se ha considerado como una premisa que no requiere mayor discusión, constituyéndose un valor en sí mismo, tan es así, que desde diferentes enfoques tanto políticos, como intelectuales, la defiendan y a su vez pregonen sus bondades y mas aún, traten de poner en evidencia la urgencia de la implementación de mayores espacios en la esfera pública, pero así como se preconiza su introducción como solución, es valedero decir que no se han profundizado de igual manera las investigaciones sobre su utilidad en la región. (Tanaka, 2001). De aquí que la participación ciudadana como forma de involucrarse en la toma de decisiones, en especial en el ámbito de las políticas públicas, genera un estatus intermedio entre la democracia representativa y la directa, la llamada democracia participativa, pero el trasfondo de toda esta discusión nos lleva a considerar que la participación se circunscribe al ejercicio del poder que en principio, y bajo la lógica de la democracia representativa constituye un monopolio de la administración pública.
La administración pública peruana que hereda el modelo español vertiente del franco - alemán y que en el transcurso de los años ha adquirido ciertas características propias de la relación de poder del Estado y la sociedad, se configura en una burocracia procedimental y patrimonialista, y que se resiste a cambiar su configuración, hecho que nos lleva a preguntarnos: ¿Cuanto puede permitir el aparato estatal patrimonialista que la participación ciudadana tenga una cuota de poder en la toma de decisiones?. Sin embargo, con este tipo de administración pública conviven prácticas privadas, sobretodo en las organizaciones que podrían llamarse mas profesionalizadas y en los organismos públicos Descentralizados – OPD, que son llamadas “islas de eficiencia” pero que no constituyen una solución efectiva en todo el aparato estatal.
El dato crucial y contundente es la no provisión de soluciones satisfactorias, lo que ha llevado a cuestionar el paradigma de la administración pública y el presupuesto de su conocimiento cabal de las demandas de los ciudadanos debido a su especialización y capacidad técnica, pero mas allá de las soluciones que se ensayen como respuestas, es preciso comprender en primer lugar, cuales son los factores que las condiciona y luego reparar en sus disfuncionalidades.
Las prácticas participativas denotan en forma implícita que en la práctica y por necesidad apremiante se dicten normas que promueven la adopción de herramientas que propendan a la participación ciudadana para la toma de decisiones y para el control de las actividades de la administración, lo cual en suma lograría que la administración pública cumpla con las funciones para las que ha sido creada.
La literatura revisada hace énfasis en la participación en sí misma, pero no se ha enfocado cual es el problema que está detrás de las dificultades de la administración pública, mas allá de comprobar las dificultades lo que se pretende es desbrozar el núcleo del problema en la gestión pública desde la concepción misma de la gestión pública peruana, su formación organizativa y las intereses que subyacen desde la delineación de una inexistente teoría de la burocracia y su expresión eminentemente jerárquica.
Desde el modelo burocrático weberiano que ha sido frecuentemente criticado desde la óptica que daba mayor preeminencia al excesivo formalismo y la jerarquía, la administración pública peruana ha desarrollado su institucionalidad, es decir sus usos y costumbres, y su organización, de los modelos francés – alemán que fue seguido por la vertiente española que se implantó en nuestro país durante la colonia. Por lo cual la práctica y la lógica de su comportamiento es fundamental para comprender las desventajas y ventajas, sí las hubiere, en su articulación con prácticas participativas y su relación con el poder de decisión.
De una concepción del Estado patrimonial a una de actuación por resultados que nos lleva a la corriente de la Nueva Administración Pública la cual es impulsada en nuestro país y de aplicación progresiva pero no sistematizada, contextualiza la administración pública y en especial la gestión de los gobiernos locales que dentro de la lógica de su autonomía se diversifica en sus formas de organización, lo que nos lleva a plantear ¿Cuánto del problema corresponde al actual diseño del aparato estatal y en especial de los gobiernos locales?
Cómo se desenvuelve el gobierno local mediante la gestión ante una situación concreta y cuya concepción política se considera correcta, así como sus fundamentos respaldados por dispositivos normativos, y cuanto no se cumple a pesar de lo expreso de la decisión, nos lleva a la discusión sobre sí el problema se centra en la organización, la institucionalidad y sí los intereses de la burocracia, tema que no ha sido abordado en forma exhaustiva, también forma parte de las dificultades de la actividad pública y constituyen elementos determinantes de las deficiencias del Estado en la provisión de bienes y servicios.
En cuanto a la forma de la administración pública peruana, se ha dicho que esta debe ser explicada desde la lógica de los modelos a los que se adscribió, pero dada la característica del proceso peruano que convive con rasgos del modelo burocrático weberiano, el modelo francés alemán y en algunos casos en las llamadas islas de eficiencia que vienen de prácticas privadas de la corriente de la Nueva Gestión Pública.
El tema de la estrategia que debe aplicarse para lograr una administración pública que esté a la par de las exigencias actuales, es de vital importancia, a este respecto es pertinente establecer que existen diversas escuelas de estrategia de las cuales la administración pública se ha adherido a la llamada escuela de planificación, la que no tienen mucha acogida como otras que ponen mas énfasis no solo en procesos como si fueran estáticos, sino que, de acuerdo a la realidad se toma en consideración relaciones de poder, diseño, configuración y realidad emergente ( Mintzberg y Ahlstrand, 2003)
En lo referente a la forma de organización adecuada de la administración pública esta debe estar dirigida a la creación de valor público que incide en lo valioso para el interés general que va mas allá del enfoque privatista que se ha dado por llamar las “tres e”, economía, eficiencia y eficacia (Moore, 1998) lo cual no se condice de la tendencia a creer que el problema es un tema de diseño de la organización, que pone el énfasis en la técnica, es decir se prioriza herramientas de gestión que responden a fines diferentes de lo que busca el gerente público. A este respecto es importante resaltar que este intento de extrapolar modelos de organización como fórmulas milagrosas, sin tomar en consideración que el problema no es solo organizativo, dejando de lado la contextualización social, cultural e histórica, esto denota la pobreza de los enfoques que paradójicamente coinciden en gran medida con el rasgo de la burocracia impersonal de Weber al que tanto se ha dado en atacar desde un aproximación patológica.
Por parte de la gestión pública referida a la burocracia, se venido sosteniendo que las aproximaciones al tema han puesto en evidencia que no existe una teoría de la burocracia, ya que las aproximaciones tienen un sesgo privatista y no se ha reparado en su especial naturaleza (Oszlak, 1978). Por otro lado, no se ha reparado en el componente humano de la burocracia que detentan el encargo de un mandante para la realización de acciones de acuerdo al interés general, cuestión que no es fácil de definir cuando la ciudadanía se divide en diferentes y diversos intereses que se manifiestan en grupos de poder sin dejar de reconocer que la misma burocracia puede tener los suyos propios, y en esta relación compleja se desarrolla el curso de la administración pública y pueden incluso contraponerse al “interés general”.
Aproximarse a los parámetros teóricos de la gestión pública la actuación de la administración pública peruana desde la perspectiva de los modelos descritos, las soluciones planteadas desde la corriente de la Nueva Gestión Pública y los intereses de la burocracia dejando de lado el sesgo weberiano de su impersonalidad confrontándolo con un proceso participativo que pone en evidencia su actuación, la voluntad para compartir el poder en la toma de decisiones y exponiendo los intereses que se encuentran detrás de la actuación de la burocracia local.
Nos referimos a tres aproximaciones: desde el modelo peruano de administración pública; desde la perspectiva organizativa que privilegia la técnica, la organización pero que es insuficiente y en los intereses en juego que se dan en la llamada caja negra de la burocracia, para identificar el problema de la gestión pública y su relación con los proceso participativos.
En el Perú no hay nada mas informal que la formalidad de su administración pública y esa es la principal paradoja de las muchas que nos cansaríamos de enumerar.
Marco Flores Santana
domingo, 28 de septiembre de 2008
Globalización, Estado, Partidos Políticos y Ciudadanía
La globalización que impera en la actualidad evidentemente tiene efectos en la esfera de lo político. Los cambios y la capacidad de enfrentarlos debería ser una constante en especial en la acción política cuyo objeto es dinámico a la vez multidimensional. Lo que se plantea es que las condiciones aparejadas por la globalización ha debilitado la acción política de los diferentes actores, tanto por la debilidad del mismo Estado, como por los cambios que limita su soberanía. Este mismo efecto se reproduce en los partidos políticos y replantea la noción de ciudadanía.
La democratización de los estados latinoamericanos coincidió con el desmantelamiento del Estado desarrollista, sistema que se implementó y que no generó una ruptura con el modelo oligárquico, sino que convive con el, en ese sentido, la relación del Estado, los partidos públicos y una nueva dimensión de la ciudadanía.
La situación descrita generó el clientelaje, en el cual el estado es capturado por las clases dominantes, mediante dos tipos de partidos políticos oligárquico y patrimonialista, lo cual genera inevitablemente una mayor exclusión, que convive con la eclosión de movimientos populares y el surgimiento de partidos políticos obreros y clasistas que no se articularon y devino en la falta de gobernabilidad, este problema que se fue embalsando se refleja en la baja ciudadanía y la falta de representatividad de los partidos políticos que no han contribuido a la solución de problemas.
En Latinoamérica la aplicación del Consenso de Washington que implementa medidas de corte neoliberal, la liberalización de la economía, la privatización de empresas públicas, la desregulación, etc. en sustitución de los modelos desarrollistas, planificadores o estatistas, propugnó la reducción del Estado para que el mercado asigne eficientemente los recursos, se tradujo en una mayor brecha en términos económicos y acentúo la exclusión en la región y la desigualdad.
El viraje de la economía bajo el sustento de un Estado ineficiente y mal empresario, bajo visiones tecnocráticas y de eficiencia bajo el modelo de la actividad privada y el management dieron sustento al relajamiento, por ejemplo, de derechos laborales creando una situación de desprotección.
En la actualidad los partidos políticos no gozan de gran representación y popularidad, no son concebidos como canales por los cuales los ciudadanos pueden hacer que sus demandas se posicionen en la agenda, por lo cual no se espera soluciones que puedan surgir de ellos y consecuentemente, no son advertidos como un mecanismo de representación y menos aún, de solución. Aunado a la sensación de ser una especie de clase que se aprovecha de su posición para beneficiarse del Estado o lograr pactos, que responden a una lógica patrimonialista de la cosa publica.
Encontramos en Latinoamérica tres formas que caracterizan los partidos políticos, el sistema de partidos, partidos sin sistema y políticos sin partido, evidentemente que allí donde no exista un sistema de partidos fuerte, los cambios que se quieran implementar y sobretodo aquellos que vienen de afuera son aplicados como completa extrapolación de recetas sin tomar en cuenta las características particulares de cada nación.
En este contexto la política como acción que busca la conducción de la sociedad, desde una visión ideológica con mayor o menor multiplicidad, debe en primer lugar, reparar en las condiciones o características de las demandas públicas y en segundo lugar, sí sus planteamientos reconocen un entorno cambiante y el desfase de este con las nuevas prácticas o formas de ciudadanía.
El enfoque de tres dimensiones de acción de los partidos políticos de la época moderna, la instrumental que trata la satisfacción de intereses o reivindicativa, la del proyecto o ideología y la profesional o técnica, se han dejado de lado las dos primeras y subsiste o ha tomado mayor preponderancia la dimensión técnica o profesional y es en esta dimensión que imperan los partidos políticos, es así que esta reducción genera una percepción de la actuación de estos desligados de las demandas sociales y de representación.
Los partidos políticos ante el embate de la globalización, la desaparición del Estado a causa de una profunda crisis económica y su minimización y la mayor importancia que han tomado los medios de comunicación, deben reparar en las nuevas condiciones en las que tiene que desarrollarse y no centrar sus esperanzas en la posibilidad pendular en la variación del tamaño del Estado, debido a su identificación con el en la pugna por el poder.
La identificación del Estado y la sociedad por parte de los partidos políticos trajo como consecuencia la formación de partidos populistas y clasistas que tuvieron que enfrentar al ejercito que atacó a las organizaciones políticas, en un intento de destruirlos y desmovilizarlos lo cual no lo logró.
La resistencia a dejar de tomar de referencia al Estado, la globalización que plantea ya no la mirada solo hacía adentro, genera que se tenga una nueva visión y redefinición del papel que debe desempeñarse, ante lo cual los partidos políticos deben plasmar sus acciones en la sociedad, ya que toman mayor importancia las demandas sociales, equidad, inclusión, derechos humanos, etc.
Es así que los partidos políticos deben dirigir su mirada hacía la construcción de ciudadanía, reconocer una institucionalización mas dinámica, tener un función mas representativa e ir de un Estado mínimo a uno que incentive la mayor participación, control y transparencia.
La antigua centralidad de la política en la discusión de los problemas que aquejaban a la sociedad desde la perspectiva pública ha virado hacía una centralidad mas abstracta, pero que los sectores en boga, como el economicismo, pragmatismo y la tecnocracia no han podido responder, esto plantea a los partidos políticos la articulación de sus objetivos dentro de una perspectiva diferente lo cual exige su readecuación.
Es así que las divisiones sociales o económicas en esta época globalizada, han generado mayores fraccionamientos que no son plenamente representados por los partidos, es mas son tan diversos que pueden ser inclusive transversales a varias organizaciones, así como la eclosión de nuevos problemas y conflictos pero que tienen nuevas dimensiones.
Al entrar los partidos políticos en crisis, esto se refleja en la consolidación democrática y las nuevas modalidades de articulación social que ya no se agrupan en clases o ideologías, sino el fenómeno de redes sobre temas impuestos por corrientes de opinión que se discuten en los medios de comunicación.
El nuevo actor social llamado “opinión pública” no depende de los partidos políticos, sino de nuevas organizaciones o redes que van desde demandas culturales, derechos humanos, y otros que se materializan en la agenda pública y por lo cual se vuelven predominante los medios de comunicación, encuestas y las tecnologías de la información.
Los partidos políticos al virar su mirada del Estado a la sociedad tiene que relacionarse con un nuevo tipo de ciudadanía que se ha configurado en opinión pública, lo cual genera dificultades no menores en cuanto a la posibilidad de representación, ya que se hace mas difícil que se planteen visiones deseables de la sociedad, por lo tanto, las nuevas ideas, propuestas y tendencias son difíciles de representar aún para otro tipos de organizaciones que han pretendido copar los nuevos espacios que empiezan a emerger.
La idea de los partidos que se basaba mas en los problemas inmediatos de la gente dejando de lado, proyectos o formas de pensar el futuro y tratar de lograr su construcción y no se ha generado la confrontación de las ideas y el debate que enriquecen las propuestas, lo cual se hace evidente al llegar a situaciones que las demandas no son intra estatales sino que colisiona con la realidad que trasciende el mismo Estado.
Esta falta de propuestas y de debate genera mayor desconfianza y sitúa a los partidos en la visión de la población como organizaciones desvinculadas y con objetivos ajenos e inadecuados a la nueva situación planteada por la intrusión de la globalización.
Pero, es de reconocer que no puede plantearse la desaparición de los partidos políticos, con lo cual su espacio podría ser tomado por una tecnocracia profesionalizada que quizás cometa excesos económicos y que no desarrolle ejercicios democráticos acentuando la exclusión social.
El papel de la televisión en la formación de opinión pública o como medio para la fijación de la agenda pública, pone en aprietos la estructura de los partidos políticos, los cuales no han estado preparados para esta nueva realidad que impone una mejor comprensión de sus objetivos y como plasmarlos o peor aún ponerlos en la agenda pública, hecho que los subordina a los medios de comunicación, lo cual transfiere la decisión de que es lo importante y sobre esos temas se llega a una priorización de lo importante, en este estado de las cosas, debe plantearse un rescate de lo importante mediante acciones que se logre la preeminencia de los objetivos realmente importantes antes que la decisión arbitraria o quizás sensacionalista de los medios de comunicación.
Sin embargo, puede verse que los partidos políticos han sobrevivido a los cambios, sí bien puede discutirse su falta de adaptabilidad a los cambios, sea por su falta de claridad de objetivos, o su divorcio de las demandas sociales, estos son indispensables junto con el Estado y la sociedad civil puedan generar espacios democráticos y no caer en opciones pseudos tecnocráticas y mediáticas que no responden a las demandas de los diferentes sectores y que generan mayor exclusión social y cultural.
La caída de la falta de institucionalización de los partidos políticos así como su desmasificación, ha traído como consecuencia, efectos no queridos desde la perspectiva de lo que podemos llamar el rescate de los partidos como un factor importante en la democratización de Latinoamérica.
Se produce un estrechamiento de las opciones políticas al desinstitucionalizarse la representación, desmasificarse y la visión de la verticalización de la relación entre los partidos y la sociedad, ante esto se puede plantear que se estaría banalizando los objetivos sociales.
Dicho lo anterior no puede plantearse un solución univoca que involucre solo a los partidos políticos, sino que debe reconocer los retos planteados por la nueva realidad y recrearse con una nueva visión del Estado y organizaciones sociales con cierta independencia, esta es una relación que debe hacer frente o buscar la forma de responder en forma dinámica los retos que plantean las nuevas condiciones de la globalización y desde su principal fuerza el debate o la exposición de las ideas en confrontación con otras que puedan enriquecer las perspectivas de una sociedad deseable y posible que atraiga a las diversas organizaciones o redes de opinión, esto no significa ceder a las formas que nos impone la globalización, sino que desde una nueva visión posicionarse en una especie de “agenda pública importante”.
Es preciso señalar que, los partidos políticos son importantes para el desarrollo democrático y existe la percepción en la sociedad de que son imprescindibles a pesar de la pésima percepción de sus actuaciones, a estos efectos se requiere la desvinculación de liderazgos personalizados y un ejercicio democrático al interior de los mismos que mejore su organización y estructura, y un desarrollo de sus programas e ideologías que respondan a la nueva realidad y generen adhesión en la sociedad, y que no se produzca una situación estática o lo que se conoce como “fugas” ante problemas que no son de fácil comprensión y solución.
Asimismo, la profesionalización de la política es necesaria y debe atraer a las personas como un medio de ascenso social y de reconocimiento de capacidades, esto es coherente con la realidad que plantea la globalización que plantea retos a los partidos políticos.
De no llegarse a generar capacidad de respuesta, quedaríamos a merced de una mayor exclusión y la generación de una nueva elite que se reflejaría en nuevas prácticas oligárquicas.
Globalización y una nueva visión de ciudadanía
El desempeño de los estados latinoamericanos, en los cuales se ha pasado de modelos oligárquicos, desarrollistas o de planificación central, han marcado, como se ha señalado antes, una relación Estado, organizaciones políticas y organizaciones sociales con posiciones de clase e ideologías de confrontación, en este contexto tenemos que en la región se observa situaciones de exclusión, marcada desigualdad y baja ciudadanía.
La articulación de los intereses sociales responde a una mayor demanda de los llamados derechos civiles, políticos y los llamados derechos de tercera generación: económicos, sociales y culturales.
Cabe preguntarse, ¿Cuánta ciudadanía requiere la democracia? Y nos lleva a preguntarnos también sí la democracia es una consecuencia del modelo capitalista, advirtiéndose que la ciudadanía se ha ido conquistando mediante luchas de clases de los diferentes actores sociales. A este respecto también cabe otra pregunta importante ¿Cuánta desigualdad o exclusión soporta la democracia?, preguntas que son cruciales y que plantean serias advertencias sobre el destino del modelo de no llegar a una situación mas equitativa e inclusiva.
La diferencia ante la ley marcan una especie de clases o de individuos que se encuentran por encima de ella, otros a los cuales se les aplican en sus aspectos de control y no de derechos.
La transición de estos modelos al modelo neoliberal se da en condiciones dispares y que no tienen nada que ver con posiciones ideológicas que hayan propugnado su aplicación, sino que estos son sustentados ante el fracaso del Estado y el descrédito de los partidos políticos que llevó a plantearse la adopción de políticas de mercado, pero desde afuera y no como un planteamiento que deviene de un debate de opciones a implementarse.
Es así que ante la emergencia de las economías de la región y la existencia de una realidad que es la globalización, se optó por la implementación de economías globalizadas, que se basaban en las bondades del mercado y el capital, pero que trascienden al Estado y cuestionan en alguna forma su soberanía.
Desde la óptica de la construcción de la democracia es importante resaltar que la ciudadanía constituye un elemento esencial que tiene que se relaciona con los objetivos de los partidos políticos, en cuanto a su contenido, la objetivización de los derechos, la socialización, el carácter inclusivo de los mismos, la participación en aspectos relacionados al bien común.
La ciudadanía que contiene todo el cúmulo de libertades, derechos, desarrollo como persona, derechos civiles y humanos, y por otro lado a la participación y la posibilidad de ser elegido para cargos políticos o públicos, trasciende lo planteado por la economía de mercado, el cual se sustenta en una motivación egoísta de la minimización de costos y un mero maximizador de beneficios, lo cual genera un individualismo que se contrapone en extremo a la idea que plasmaron los republicanos de la ciudadanía.
La construcción de la ciudadanía en un contexto en que la globalización y la era moderna ha recreado de manera diferente ya que se plantea que existen derechos inalienables como los son los derechos económicos y políticos, pero dada la nueva conformación planteada, puede plantearse como inalienables también los derechos económicos, sociales y culturales, es decir que estos derechos tratan de asegurar una situación de bienestar que toma relevancia.
El binomio democracia y economía de mercado ha generado una visión positiva de un paradigma, pero el contenido de los mismos debe darse dentro de la democracia y el efectivo ejercicio de la ciudadanía y no la sumisión al mercado como fin en si mismo, sin que debe subordinarse a objetivos de convivencia social que es uno de los objetivos de la existencia del Estado.
Otro paradigma es el macroeconómico que incide en un aspecto que es el económico y el divorcio con las situaciones que trascienden estas cifras y que se considera como la única opción lo cual constituye un derecho sin política, esto se genera por la convivencia de la política con el mercado y la democracia.
La difusión política global plantea que cosa “es lo correcto” y los estados son sometidos a la fiscalización global, aunado a la disolución de sus fronteras y la creciente vulneración de las economías nacionales, es decir que estamos ante planteamientos que trascienden al territorio mismo de administración del Estado y que se encuentra supeditado a decisiones externas y en forma dramática a la consulta de sus actividades en el plano económico y financiero, esto trae la debilidad del estado – nación y una mayor diversidad y diferenciación social.
Predomina una forma de participación a través del consumo, pero la capacidad de este consumo no es igual para todos, esto genera desigualdad sí es que no se toma en consideración la reorientación y la calidad del consumo, es decir hay que vincular la ciudadanía y el consumo, mediante el acceso a un variada y vasta oferta con acceso a la información para no generar asimetrías en la información y generar una elección no informada, una real implementación de controles de calidad y la participación efectiva de la sociedad en la decisiones materiales simbólicas.
Surgen los recursos simbólicos, como la participación, el acceso a la información y la posibilidad de participar en la comunicación, esto generan las llamadas redes que se ocupan de temas tan diverso y en algunos caso fragmentados, lo cual se refleja en la diversidad de las mismas. El desigual acceso a estos recursos ocasionan una nueva forma de exclusión y es el contenido de la nueva ciudadanía, por lo que es necesario ver la forma de lograr su acceso.
Lograr que todos los sectores logren acceder a los recursos de comunicación y a logra contactarse con las redes que se forman en torno a temas que no necesariamente tienen que ver con lo que antes se consideraba lo importante en la política, sino que, se generan en forma dinámica y toman los mas diversos intereses, implementándose formas de llevar estos recursos comunicativos, como por ejemplo la experiencia en el Perú de los telecentros, es decir el acceso masificado de las tecnologías de la comunicación.
Implantar mecanismos de “pertenencia” para evitar la exclusión y afirmar una nueva ciudadanía con acceso a información y a recursos tecnológicos que faciliten formar parte de los circuitos de comunicación para el intercambio cultural, plantea repensar un nuevo pacto social que lleve a los actores a reconocer la diversidad de derechos demandados.
La globalización debilita la noción de ciudadanía en cuanto ejercicio al estilo republicano, pero adquiere una nueva dimensión al incluir mecanismos sociales, que traten sobre las igualdades y diferencias, es decir, la diferencia en cuanto se debe reconocer ciertas características sociales y culturales que no puede ser tratada en forma estándar, ya que debe reconocerse la heterogeneidad y por otro lado, igualdad de tal
.manera que no se generen prácticas de exclusión.
Advertimos entonces la existencia de un hiper ciudadano, que requiere un mayor reconocimiento de nuevos aspectos que conforman su “ciudadanía”. El ciudadano, como aquel que puede ejercer el pleno ejercicio de sus derechos y cumplir sus deberes.
La importancia de la pertenencia, de formar parte de una nueva forma de agrupación que trasciende la comunicación tradicional, ha generado el predominio de las Tecnología de la Información y Comunicación TIC, cabe preguntarse sí esto es positivo, desde nuestro punto de vista son herramientas y que lo esencial está en su contenido, es decir puede servir para la mejor transmisión de valores, identidades y otros aspectos que se perciben como deseados, pero también puede transmitir aspectos negativos.
Sin embargo, debe reconocerse que la falta de acceso a estos mecanismos, dada su importancia en la decisión y formación de la “opinión pública” no debería darse, ya que genera una forma de exclusión, a pesar de que se considere por algunos como la banalización de la agenda pública.
El acceso a los derechos, aquellos llamados de primera, segunda y tercera generación deben procurarse y condiciona una nueva reconfiguración de la actividad política, alejada de la relación Estado – polis.
Ante esto se ha planteado una globalización desde abajo que sea alternativa de una globalización desde arriba que es propugnada por intereses transnacionales y que se basan en el pragmatismo y una aparente tecnocracia.
La variación de la identidad y la cultura responde a los cambios de la globalización que introduce un modelo neo liberal, debe ser contrapuesta a una relación de actores sociales o una sociedad civil global, que considere los aspectos importantes que no desnaturalicen la ciudadanía, sino que le den un mayor contenido y que propenda a la equidad y la inclusión como objetivos del Estado.
La democratización de los estados latinoamericanos coincidió con el desmantelamiento del Estado desarrollista, sistema que se implementó y que no generó una ruptura con el modelo oligárquico, sino que convive con el, en ese sentido, la relación del Estado, los partidos públicos y una nueva dimensión de la ciudadanía.
La situación descrita generó el clientelaje, en el cual el estado es capturado por las clases dominantes, mediante dos tipos de partidos políticos oligárquico y patrimonialista, lo cual genera inevitablemente una mayor exclusión, que convive con la eclosión de movimientos populares y el surgimiento de partidos políticos obreros y clasistas que no se articularon y devino en la falta de gobernabilidad, este problema que se fue embalsando se refleja en la baja ciudadanía y la falta de representatividad de los partidos políticos que no han contribuido a la solución de problemas.
En Latinoamérica la aplicación del Consenso de Washington que implementa medidas de corte neoliberal, la liberalización de la economía, la privatización de empresas públicas, la desregulación, etc. en sustitución de los modelos desarrollistas, planificadores o estatistas, propugnó la reducción del Estado para que el mercado asigne eficientemente los recursos, se tradujo en una mayor brecha en términos económicos y acentúo la exclusión en la región y la desigualdad.
El viraje de la economía bajo el sustento de un Estado ineficiente y mal empresario, bajo visiones tecnocráticas y de eficiencia bajo el modelo de la actividad privada y el management dieron sustento al relajamiento, por ejemplo, de derechos laborales creando una situación de desprotección.
En la actualidad los partidos políticos no gozan de gran representación y popularidad, no son concebidos como canales por los cuales los ciudadanos pueden hacer que sus demandas se posicionen en la agenda, por lo cual no se espera soluciones que puedan surgir de ellos y consecuentemente, no son advertidos como un mecanismo de representación y menos aún, de solución. Aunado a la sensación de ser una especie de clase que se aprovecha de su posición para beneficiarse del Estado o lograr pactos, que responden a una lógica patrimonialista de la cosa publica.
Encontramos en Latinoamérica tres formas que caracterizan los partidos políticos, el sistema de partidos, partidos sin sistema y políticos sin partido, evidentemente que allí donde no exista un sistema de partidos fuerte, los cambios que se quieran implementar y sobretodo aquellos que vienen de afuera son aplicados como completa extrapolación de recetas sin tomar en cuenta las características particulares de cada nación.
En este contexto la política como acción que busca la conducción de la sociedad, desde una visión ideológica con mayor o menor multiplicidad, debe en primer lugar, reparar en las condiciones o características de las demandas públicas y en segundo lugar, sí sus planteamientos reconocen un entorno cambiante y el desfase de este con las nuevas prácticas o formas de ciudadanía.
El enfoque de tres dimensiones de acción de los partidos políticos de la época moderna, la instrumental que trata la satisfacción de intereses o reivindicativa, la del proyecto o ideología y la profesional o técnica, se han dejado de lado las dos primeras y subsiste o ha tomado mayor preponderancia la dimensión técnica o profesional y es en esta dimensión que imperan los partidos políticos, es así que esta reducción genera una percepción de la actuación de estos desligados de las demandas sociales y de representación.
Los partidos políticos ante el embate de la globalización, la desaparición del Estado a causa de una profunda crisis económica y su minimización y la mayor importancia que han tomado los medios de comunicación, deben reparar en las nuevas condiciones en las que tiene que desarrollarse y no centrar sus esperanzas en la posibilidad pendular en la variación del tamaño del Estado, debido a su identificación con el en la pugna por el poder.
La identificación del Estado y la sociedad por parte de los partidos políticos trajo como consecuencia la formación de partidos populistas y clasistas que tuvieron que enfrentar al ejercito que atacó a las organizaciones políticas, en un intento de destruirlos y desmovilizarlos lo cual no lo logró.
La resistencia a dejar de tomar de referencia al Estado, la globalización que plantea ya no la mirada solo hacía adentro, genera que se tenga una nueva visión y redefinición del papel que debe desempeñarse, ante lo cual los partidos políticos deben plasmar sus acciones en la sociedad, ya que toman mayor importancia las demandas sociales, equidad, inclusión, derechos humanos, etc.
Es así que los partidos políticos deben dirigir su mirada hacía la construcción de ciudadanía, reconocer una institucionalización mas dinámica, tener un función mas representativa e ir de un Estado mínimo a uno que incentive la mayor participación, control y transparencia.
La antigua centralidad de la política en la discusión de los problemas que aquejaban a la sociedad desde la perspectiva pública ha virado hacía una centralidad mas abstracta, pero que los sectores en boga, como el economicismo, pragmatismo y la tecnocracia no han podido responder, esto plantea a los partidos políticos la articulación de sus objetivos dentro de una perspectiva diferente lo cual exige su readecuación.
Es así que las divisiones sociales o económicas en esta época globalizada, han generado mayores fraccionamientos que no son plenamente representados por los partidos, es mas son tan diversos que pueden ser inclusive transversales a varias organizaciones, así como la eclosión de nuevos problemas y conflictos pero que tienen nuevas dimensiones.
Al entrar los partidos políticos en crisis, esto se refleja en la consolidación democrática y las nuevas modalidades de articulación social que ya no se agrupan en clases o ideologías, sino el fenómeno de redes sobre temas impuestos por corrientes de opinión que se discuten en los medios de comunicación.
El nuevo actor social llamado “opinión pública” no depende de los partidos políticos, sino de nuevas organizaciones o redes que van desde demandas culturales, derechos humanos, y otros que se materializan en la agenda pública y por lo cual se vuelven predominante los medios de comunicación, encuestas y las tecnologías de la información.
Los partidos políticos al virar su mirada del Estado a la sociedad tiene que relacionarse con un nuevo tipo de ciudadanía que se ha configurado en opinión pública, lo cual genera dificultades no menores en cuanto a la posibilidad de representación, ya que se hace mas difícil que se planteen visiones deseables de la sociedad, por lo tanto, las nuevas ideas, propuestas y tendencias son difíciles de representar aún para otro tipos de organizaciones que han pretendido copar los nuevos espacios que empiezan a emerger.
La idea de los partidos que se basaba mas en los problemas inmediatos de la gente dejando de lado, proyectos o formas de pensar el futuro y tratar de lograr su construcción y no se ha generado la confrontación de las ideas y el debate que enriquecen las propuestas, lo cual se hace evidente al llegar a situaciones que las demandas no son intra estatales sino que colisiona con la realidad que trasciende el mismo Estado.
Esta falta de propuestas y de debate genera mayor desconfianza y sitúa a los partidos en la visión de la población como organizaciones desvinculadas y con objetivos ajenos e inadecuados a la nueva situación planteada por la intrusión de la globalización.
Pero, es de reconocer que no puede plantearse la desaparición de los partidos políticos, con lo cual su espacio podría ser tomado por una tecnocracia profesionalizada que quizás cometa excesos económicos y que no desarrolle ejercicios democráticos acentuando la exclusión social.
El papel de la televisión en la formación de opinión pública o como medio para la fijación de la agenda pública, pone en aprietos la estructura de los partidos políticos, los cuales no han estado preparados para esta nueva realidad que impone una mejor comprensión de sus objetivos y como plasmarlos o peor aún ponerlos en la agenda pública, hecho que los subordina a los medios de comunicación, lo cual transfiere la decisión de que es lo importante y sobre esos temas se llega a una priorización de lo importante, en este estado de las cosas, debe plantearse un rescate de lo importante mediante acciones que se logre la preeminencia de los objetivos realmente importantes antes que la decisión arbitraria o quizás sensacionalista de los medios de comunicación.
Sin embargo, puede verse que los partidos políticos han sobrevivido a los cambios, sí bien puede discutirse su falta de adaptabilidad a los cambios, sea por su falta de claridad de objetivos, o su divorcio de las demandas sociales, estos son indispensables junto con el Estado y la sociedad civil puedan generar espacios democráticos y no caer en opciones pseudos tecnocráticas y mediáticas que no responden a las demandas de los diferentes sectores y que generan mayor exclusión social y cultural.
La caída de la falta de institucionalización de los partidos políticos así como su desmasificación, ha traído como consecuencia, efectos no queridos desde la perspectiva de lo que podemos llamar el rescate de los partidos como un factor importante en la democratización de Latinoamérica.
Se produce un estrechamiento de las opciones políticas al desinstitucionalizarse la representación, desmasificarse y la visión de la verticalización de la relación entre los partidos y la sociedad, ante esto se puede plantear que se estaría banalizando los objetivos sociales.
Dicho lo anterior no puede plantearse un solución univoca que involucre solo a los partidos políticos, sino que debe reconocer los retos planteados por la nueva realidad y recrearse con una nueva visión del Estado y organizaciones sociales con cierta independencia, esta es una relación que debe hacer frente o buscar la forma de responder en forma dinámica los retos que plantean las nuevas condiciones de la globalización y desde su principal fuerza el debate o la exposición de las ideas en confrontación con otras que puedan enriquecer las perspectivas de una sociedad deseable y posible que atraiga a las diversas organizaciones o redes de opinión, esto no significa ceder a las formas que nos impone la globalización, sino que desde una nueva visión posicionarse en una especie de “agenda pública importante”.
Es preciso señalar que, los partidos políticos son importantes para el desarrollo democrático y existe la percepción en la sociedad de que son imprescindibles a pesar de la pésima percepción de sus actuaciones, a estos efectos se requiere la desvinculación de liderazgos personalizados y un ejercicio democrático al interior de los mismos que mejore su organización y estructura, y un desarrollo de sus programas e ideologías que respondan a la nueva realidad y generen adhesión en la sociedad, y que no se produzca una situación estática o lo que se conoce como “fugas” ante problemas que no son de fácil comprensión y solución.
Asimismo, la profesionalización de la política es necesaria y debe atraer a las personas como un medio de ascenso social y de reconocimiento de capacidades, esto es coherente con la realidad que plantea la globalización que plantea retos a los partidos políticos.
De no llegarse a generar capacidad de respuesta, quedaríamos a merced de una mayor exclusión y la generación de una nueva elite que se reflejaría en nuevas prácticas oligárquicas.
Globalización y una nueva visión de ciudadanía
El desempeño de los estados latinoamericanos, en los cuales se ha pasado de modelos oligárquicos, desarrollistas o de planificación central, han marcado, como se ha señalado antes, una relación Estado, organizaciones políticas y organizaciones sociales con posiciones de clase e ideologías de confrontación, en este contexto tenemos que en la región se observa situaciones de exclusión, marcada desigualdad y baja ciudadanía.
La articulación de los intereses sociales responde a una mayor demanda de los llamados derechos civiles, políticos y los llamados derechos de tercera generación: económicos, sociales y culturales.
Cabe preguntarse, ¿Cuánta ciudadanía requiere la democracia? Y nos lleva a preguntarnos también sí la democracia es una consecuencia del modelo capitalista, advirtiéndose que la ciudadanía se ha ido conquistando mediante luchas de clases de los diferentes actores sociales. A este respecto también cabe otra pregunta importante ¿Cuánta desigualdad o exclusión soporta la democracia?, preguntas que son cruciales y que plantean serias advertencias sobre el destino del modelo de no llegar a una situación mas equitativa e inclusiva.
La diferencia ante la ley marcan una especie de clases o de individuos que se encuentran por encima de ella, otros a los cuales se les aplican en sus aspectos de control y no de derechos.
La transición de estos modelos al modelo neoliberal se da en condiciones dispares y que no tienen nada que ver con posiciones ideológicas que hayan propugnado su aplicación, sino que estos son sustentados ante el fracaso del Estado y el descrédito de los partidos políticos que llevó a plantearse la adopción de políticas de mercado, pero desde afuera y no como un planteamiento que deviene de un debate de opciones a implementarse.
Es así que ante la emergencia de las economías de la región y la existencia de una realidad que es la globalización, se optó por la implementación de economías globalizadas, que se basaban en las bondades del mercado y el capital, pero que trascienden al Estado y cuestionan en alguna forma su soberanía.
Desde la óptica de la construcción de la democracia es importante resaltar que la ciudadanía constituye un elemento esencial que tiene que se relaciona con los objetivos de los partidos políticos, en cuanto a su contenido, la objetivización de los derechos, la socialización, el carácter inclusivo de los mismos, la participación en aspectos relacionados al bien común.
La ciudadanía que contiene todo el cúmulo de libertades, derechos, desarrollo como persona, derechos civiles y humanos, y por otro lado a la participación y la posibilidad de ser elegido para cargos políticos o públicos, trasciende lo planteado por la economía de mercado, el cual se sustenta en una motivación egoísta de la minimización de costos y un mero maximizador de beneficios, lo cual genera un individualismo que se contrapone en extremo a la idea que plasmaron los republicanos de la ciudadanía.
La construcción de la ciudadanía en un contexto en que la globalización y la era moderna ha recreado de manera diferente ya que se plantea que existen derechos inalienables como los son los derechos económicos y políticos, pero dada la nueva conformación planteada, puede plantearse como inalienables también los derechos económicos, sociales y culturales, es decir que estos derechos tratan de asegurar una situación de bienestar que toma relevancia.
El binomio democracia y economía de mercado ha generado una visión positiva de un paradigma, pero el contenido de los mismos debe darse dentro de la democracia y el efectivo ejercicio de la ciudadanía y no la sumisión al mercado como fin en si mismo, sin que debe subordinarse a objetivos de convivencia social que es uno de los objetivos de la existencia del Estado.
Otro paradigma es el macroeconómico que incide en un aspecto que es el económico y el divorcio con las situaciones que trascienden estas cifras y que se considera como la única opción lo cual constituye un derecho sin política, esto se genera por la convivencia de la política con el mercado y la democracia.
La difusión política global plantea que cosa “es lo correcto” y los estados son sometidos a la fiscalización global, aunado a la disolución de sus fronteras y la creciente vulneración de las economías nacionales, es decir que estamos ante planteamientos que trascienden al territorio mismo de administración del Estado y que se encuentra supeditado a decisiones externas y en forma dramática a la consulta de sus actividades en el plano económico y financiero, esto trae la debilidad del estado – nación y una mayor diversidad y diferenciación social.
Predomina una forma de participación a través del consumo, pero la capacidad de este consumo no es igual para todos, esto genera desigualdad sí es que no se toma en consideración la reorientación y la calidad del consumo, es decir hay que vincular la ciudadanía y el consumo, mediante el acceso a un variada y vasta oferta con acceso a la información para no generar asimetrías en la información y generar una elección no informada, una real implementación de controles de calidad y la participación efectiva de la sociedad en la decisiones materiales simbólicas.
Surgen los recursos simbólicos, como la participación, el acceso a la información y la posibilidad de participar en la comunicación, esto generan las llamadas redes que se ocupan de temas tan diverso y en algunos caso fragmentados, lo cual se refleja en la diversidad de las mismas. El desigual acceso a estos recursos ocasionan una nueva forma de exclusión y es el contenido de la nueva ciudadanía, por lo que es necesario ver la forma de lograr su acceso.
Lograr que todos los sectores logren acceder a los recursos de comunicación y a logra contactarse con las redes que se forman en torno a temas que no necesariamente tienen que ver con lo que antes se consideraba lo importante en la política, sino que, se generan en forma dinámica y toman los mas diversos intereses, implementándose formas de llevar estos recursos comunicativos, como por ejemplo la experiencia en el Perú de los telecentros, es decir el acceso masificado de las tecnologías de la comunicación.
Implantar mecanismos de “pertenencia” para evitar la exclusión y afirmar una nueva ciudadanía con acceso a información y a recursos tecnológicos que faciliten formar parte de los circuitos de comunicación para el intercambio cultural, plantea repensar un nuevo pacto social que lleve a los actores a reconocer la diversidad de derechos demandados.
La globalización debilita la noción de ciudadanía en cuanto ejercicio al estilo republicano, pero adquiere una nueva dimensión al incluir mecanismos sociales, que traten sobre las igualdades y diferencias, es decir, la diferencia en cuanto se debe reconocer ciertas características sociales y culturales que no puede ser tratada en forma estándar, ya que debe reconocerse la heterogeneidad y por otro lado, igualdad de tal
.manera que no se generen prácticas de exclusión.
Advertimos entonces la existencia de un hiper ciudadano, que requiere un mayor reconocimiento de nuevos aspectos que conforman su “ciudadanía”. El ciudadano, como aquel que puede ejercer el pleno ejercicio de sus derechos y cumplir sus deberes.
La importancia de la pertenencia, de formar parte de una nueva forma de agrupación que trasciende la comunicación tradicional, ha generado el predominio de las Tecnología de la Información y Comunicación TIC, cabe preguntarse sí esto es positivo, desde nuestro punto de vista son herramientas y que lo esencial está en su contenido, es decir puede servir para la mejor transmisión de valores, identidades y otros aspectos que se perciben como deseados, pero también puede transmitir aspectos negativos.
Sin embargo, debe reconocerse que la falta de acceso a estos mecanismos, dada su importancia en la decisión y formación de la “opinión pública” no debería darse, ya que genera una forma de exclusión, a pesar de que se considere por algunos como la banalización de la agenda pública.
El acceso a los derechos, aquellos llamados de primera, segunda y tercera generación deben procurarse y condiciona una nueva reconfiguración de la actividad política, alejada de la relación Estado – polis.
Ante esto se ha planteado una globalización desde abajo que sea alternativa de una globalización desde arriba que es propugnada por intereses transnacionales y que se basan en el pragmatismo y una aparente tecnocracia.
La variación de la identidad y la cultura responde a los cambios de la globalización que introduce un modelo neo liberal, debe ser contrapuesta a una relación de actores sociales o una sociedad civil global, que considere los aspectos importantes que no desnaturalicen la ciudadanía, sino que le den un mayor contenido y que propenda a la equidad y la inclusión como objetivos del Estado.
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